divendres, 17 de novembre del 2017

Testimonio de una reina

Responsabilidad orientada al servicio


Comentaba un periodista que a un gobernante español le contrariaba que su ministro de finanzas le pusiera pegas a algunas iniciativas de gasto que quería llevar a cabo. Pensaba que ostentar la jefatura de gobierno le habilitaba para hacer todo aquello que se le ocurriese o consideraba útil llevar a cabo, a pesar de que su estrecho colaborador con amplia experiencia en tareas de gobierno se esforzaba en explicarle que cualquier decisión de esta naturaleza requería un estudio previo de viabilidad.

Hay gobernantes a los que su encumbramiento les desestabiliza. Se creen dominadores e impunes una vez alcanzado el poder; les molesta no poder hacer lo que quieren y las críticas que reciben. Yo le llamo el ‘síndrome de la chapa de sheriff’ a la transformación autoritaria que se produce en algunas personas cuando acceden a un cargo.

Pero también se puede gobernar para servir como expone Conrado de Marburgo en una carta dirigida al papa Gregorio IX en 1232, glosando el quehacer de la reina Isabel de Hungría, cuya festividad celebra hoy la Iglesia católica, un documento del que transcribo algunos fragmentos:

Sello de Conrado de Marburgo
…durante toda su vida había sido consuelo de los pobres…, luego… remedio de los hambrientos. Mandó construir un hospital cerca de uno de sus castillos y acogió en él gran cantidad de enfermos e inválidos; a todos los que allí acudían en demanda de limosna les otorgaba ampliamente el beneficio su caridad… llegando a agotar… las rentas… se vio obligada finalmente a vender en favor de los pobres todas las joyas y vestidos lujosos.

Tenía la costumbre de visitar personalmente a todos sus enfermos, dos veces al día, por la mañana y por la tarde, curando también personalmente a los más repugnantes, a los cuales daba de comer, les hacía la cama, los cargaba sobre sí y ejercía con ellos muchos otros deberes de humanidad; y su esposo (Luis IV), de grata memoria, no veía con malos ojos todas estas cosas.” (1)

Durante su pontificado se canonizó a Isabel
Un testimonio que puede parecer extemporáneo, alejado de los modos de hacer de nuestra civilización -han pasado casi ocho siglos-, pero  que son un reflejo de la riqueza que puede acoger cualquier ser humano si se lo propone. En sus 24 años de existencia Isabel, que tenía a su alcance llevar una vida lujosa y regalada, decidió utilizar las posibilidades que le ofrecía su posición social y el cargo que ostentaba para atender a quienes más lo necesitaban. Un gran ejemplo que permitiría una versión actualizada y también un buen acicate para esforzarse en hacer el bien cualesquiera que sean las circunstancias que nos rodeen.

Biografía de Santa Isabel de Hungría: ec.aciprensa.com/wiki/Isabel_de_Hungr%C3%ADa,_Santa



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