divendres, 4 de maig del 2018

Siguiendo al flautista

Engullidos en la masa


Hay personas con gran capacidad de convocatoria, que tienen una especial habilidad para saber tocar la tecla oportuna para aunar voluntades, para unir lo disperso, para movilizar… Entre ellas se encuentran las que se autodenominan activistas, que acostumbran a mostrarse como profesionales de la proclamación y estímulo del descontento social.

¿Profetas de nuestro tiempo? ¿Flautistas de Hamelín? Para el escritor Ignacio Martínez de Pisón se trata de “personas que, dotadas de un superávit de empatía, experimentan como propio todo el dolor ajeno. Para ellos la realidad está mal hecha o averiada, y todos hemos de contribuir a repararla. Apocalípticos por naturaleza, no hay nada para los activistas que no sea grave y urgente, y apremiándose a sí mismos a actuar se creen legitimados para apremiar a los demás”.

Ignacio Martínez de Pisón
No sé hasta qué punto todos los activistas responden a este patrón, pero se observa con frecuencia entre ellos la tendencia a pretender poner en un brete al conjunto de la sociedad situando en el candelero de la opinión pública aquello que les interesa promover o reivindicar. Y con frecuencia logran arrastrar a mucha gente tras ellos con un discurso impregnado de tintes demagógicos, sustentado en tópicos y  eslóganes de contenido sesgado y exagerado.

El relato de los Hermanos Grimm advierte acerca de la imprudencia de dejarse llevar irreflexivamente, sin prestar atención hacia dónde conducen los cantos de sirena. Pero para que ello sea posible es preciso distanciarse del personaje genérico al que alude desdeñosamente Ortega y Gasset hace casi un siglo: “Los credos políticos… son aceptados por el hombre medio no en virtud de un análisis y examen directo de su contenido, sino merced a que se convierten en frases hechas… El hombre medio piensa, cree y estima precisamente aquello que no se ve obligado a pensar, creer y estimar por sí mismo en esfuerzo original. Tiene el alma hueca y su única actividad es el eco.” (2)

Con sus alertas, denuncias y reivindicaciones los activistas empujan a los ciudadanos a ser socialmente activos; en ese punto radica, según mi criterio, su mayor utilidad: su capacidad para desperezar conciencias apoltronadas -conformistas, ensimismadas, acomodadas...- impelidas a reaccionar bien sea para seguirles, bien sea para contrarestar sus propuestas. Pero la resistencia a complicarse la vida del socialmente pasivo le mantiene atenazado, incapaz de discernir que hay en el trasfondo de aquello que se le propone -no está acostumbrado a preguntárselo- y fácilmente se sumerge en el adocenamiento de seguir la corriente, donde cree encontrarse más seguro: '¿Dónde va Vicente? Donde va la gente'.

Lo decía un amigo mio: 'Si no quieres complicarte la vida, la vida acaba complicándote a ti'. ¡Cuántos lamentos!, ¡cuántas irritaciones!, ¡cuánta acritud!, ¡cuánta visceralidad!... son consecuencia de inhibiciones y deserciones. Poco o mucho, todos podemos colaborar en hacer nuestro entorno social más amable si nos lo proponemos. 

(1) Ignacio Martínez de Pisón: Humoristas. Fuente: www.lavanguardia.com/opinion/20170526/422927476371/humoristas.html
(2) José Ortega y Gasset. El espectador. Editorial Salvat. Colección: Biblioteca básica, libro RTV número 4. Páginas 47-48

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