Consecuencias de las triquiñuelas
¿En qué consiste un debate? Si
hago caso a la Wikipedia “es un acto de comunicación y exposición de ideas
diferentes sobre un mismo tema entre dos o más personas” (1). Coincide
básicamente con la primera acepción de la RAE: “controversia”. Sin embargo, la
Academia de la Lengua incluye otra: “contienda, lucha, combate”, que es el
aspecto sobre el que versa el artículo Instrucciones
para ganar un debate de Daniel Gascón publicado por El País. (3)
Gascón aborda el tema con un
cierto desencanto: “Uno de los requisitos de la honestidad intelectual en un
debate… es enfrentarte al mejor argumento de tu rival. Pero no tenemos tiempo
ni espacio para hacerlo, y además da pereza.”
Toda la riqueza discursiva que
puede aportar un debate se puede ir al traste cuando alguno de los
participantes distorsiona o entorpece su desarrollo. Entonces los argumentos
pierden protagonismo en favor de fuegos de artificio dialécticos que impiden
profundizar en las cuestiones planteadas.
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| Daniel Gascón |
El articulista describe
diversos comportamientos nocivos entre los que destaco:
-Demagogia: “No discutes con el
discrepante, sino con una esencialización basada en la versión más burda de sus
posiciones… Las redes sociales y los medios amplifican los exabruptos de tus
contrarios, y no ves las tonterías de los que están en tu bando.”
-Exageración: “La caricatura
lleva el matiz a posiciones extremas y ridículas.”
-Dogmatismo: “Crear un tabú,
una zona de exclusión dialéctica donde la mera mención de un tema o una duda
señale que está fuera del discurso aceptable.”
-Tergiversación: “Citas sacadas
de contexto, frases deliberadamente malinterpretadas y datos inventados.”
El escenario que contempla
Gascón es bastante sombrío, sobre todo si se tiene en cuenta lo que deja
entrever el título del artículo: que ese es el camino a seguir si se quiere
salir triunfador. La lógica que subyace es que el instante es lo que cuenta. Los
resquemores que se originan quedan sepultados por la consecución del objetivo
perseguido: “los aplausos de los tuyos y la satisfacción del momento mitigarán
la sensación desagradable de que estás haciendo trampas al solitario.”
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| López Quintás |
Una competición se puede ganar
ofreciendo una propuesta mejor que la del adversario, pero cabe también la
posibilidad, sobre todo cuando uno se siente inferior, de recurrir a las malas
artes, a la marrullería, para imponerse al rival. Esta actitud puede ser eficaz
a corto plazo, pero la estela que deja conduce al encontronazo, la crispación,
el desasosiego, el hastío… Y el que dejándose llevar por una ambición desmedida
la utiliza con frecuencia queda atrapado en la sinrazón que se compensa con
agresividad.
Esa es la senda por la que se
encaminan algunos planteamientos ideológicos, como advierte López Quintás: “A
medida que dejan de ajustarse a la realidad, las ideologías pierden poder de
persuasión y se ven obligadas a imponerse por vía coactiva, bien de modo
violento -y se aboca a la dictadura-, bien de forma dolosa, aparentemente
suave, mediante los recursos de la manipulación.” (4)

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