dijous, 17 de gener del 2019

El debate como combate

Consecuencias de las triquiñuelas


¿En qué consiste un debate? Si hago caso a la Wikipedia “es un acto de comunicación y exposición de ideas diferentes sobre un mismo tema entre dos o más personas” (1). Coincide básicamente con la primera acepción de la RAE: “controversia”. Sin embargo, la Academia de la Lengua incluye otra: “contienda, lucha, combate”, que es el aspecto sobre el que versa el artículo Instrucciones para ganar un debate de Daniel Gascón publicado por El País. (3)

Gascón aborda el tema con un cierto desencanto: “Uno de los requisitos de la honestidad intelectual en un debate… es enfrentarte al mejor argumento de tu rival. Pero no tenemos tiempo ni espacio para hacerlo, y además da pereza.”

Toda la riqueza discursiva que puede aportar un debate se puede ir al traste cuando alguno de los participantes distorsiona o entorpece su desarrollo. Entonces los argumentos pierden protagonismo en favor de fuegos de artificio dialécticos que impiden profundizar en las cuestiones planteadas.

Daniel Gascón
El articulista describe diversos comportamientos nocivos entre los que destaco:
-Demagogia: “No discutes con el discrepante, sino con una esencialización basada en la versión más burda de sus posiciones… Las redes sociales y los medios amplifican los exabruptos de tus contrarios, y no ves las tonterías de los que están en tu bando.
-Exageración: “La caricatura lleva el matiz a posiciones extremas y ridículas.
-Dogmatismo: “Crear un tabú, una zona de exclusión dialéctica donde la mera mención de un tema o una duda señale que está fuera del discurso aceptable.
-Tergiversación: “Citas sacadas de contexto, frases deliberadamente malinterpretadas y datos inventados.

El escenario que contempla Gascón es bastante sombrío, sobre todo si se tiene en cuenta lo que deja entrever el título del artículo: que ese es el camino a seguir si se quiere salir triunfador. La lógica que subyace es que el instante es lo que cuenta. Los resquemores que se originan quedan sepultados por la consecución del objetivo perseguido: “los aplausos de los tuyos y la satisfacción del momento mitigarán la sensación desagradable de que estás haciendo trampas al solitario.

López Quintás
Una competición se puede ganar ofreciendo una propuesta mejor que la del adversario, pero cabe también la posibilidad, sobre todo cuando uno se siente inferior, de recurrir a las malas artes, a la marrullería, para imponerse al rival. Esta actitud puede ser eficaz a corto plazo, pero la estela que deja conduce al encontronazo, la crispación, el desasosiego, el hastío… Y el que dejándose llevar por una ambición desmedida la utiliza con frecuencia queda atrapado en la sinrazón que se compensa con agresividad.

Esa es la senda por la que se encaminan algunos planteamientos ideológicos, como advierte López Quintás: “A medida que dejan de ajustarse a la realidad, las ideologías pierden poder de persuasión y se ven obligadas a imponerse por vía coactiva, bien de modo violento -y se aboca a la dictadura-, bien de forma dolosa, aparentemente suave, mediante los recursos de la manipulación.” (4)

(4) Alfonso López Quintás: La revolución oculta. Manipulación del lenguaje y subversión de valores. PPC editorial. 1ª edición 1998. 358 páginas. Primera parte. La manipulación y sus propósitos. III. ¿Quién manipula al hombre?

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