divendres, 17 de maig del 2019

La responsabilidad de cada voto

Paradojas del juego democrático


Santi Vila
Cuando hay elecciones políticas se puede tener muy claro qué candidatura votar. O quizás no tanto. Incluso puede ocurrir, como escribe Santi Vila, que se vota a pesar de sentirse huérfano “prestando el voto de mala gana”. El exdirigente convergente expone en un artículo sus dudas y razonamientos antes de decidir qué votar en las pasadas elecciones generales: “Personalmente, confieso ser uno más de los millones de ciudadanos que tuvieron gran dificultad a la hora de escoger la papeleta electoral. En muchas encontraba alguna virtud; en todas, muchos defectos.” (1)

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Cada voto emitido es una decisión personal que lleva consigo unas motivaciones. ¿Cuál es la responsabilidad real de cada votante? La que supone su voto respecto al total de los contabilizados, en la circunscripción de Barcelona 3.121.826. Pero eso no implica que surjan algunos arrogantes gurús -políticos, periodistas, sociólogos- que reprenden a los electores por haberse abstenido, o por haber votado una opción que no ha obtenido representación, o por -según sus cálculos- haber posibilitado que salga beneficiada una formación distanciada política o ideológicamente a la que él ha elegido. Según su criterio, han cometido el craso error de dejarse llevar por sus preferencias en lugar de decantarse por lo que convenía -¡viva la libertad!-.

Estos expertos en lides políticas no dudan en reforzar sus argumentos aludiendo a la gran cantidad de arrepentidos de que tienen constancia tras conocerse el resultado del escrutinio: ¡Conozco a muchos que lamentan…! ¡Si hubieran sabido lo que iba a pasar…! –quizá tienen el privilegio de contar con un censo específico que lo corrobore-. Pero la influencia real de lo que haga cada votante en particular es ínfima y si resulta que la aplicación de ley electoral implica que muchos votos se queden sin representación o que la relación entre número de votos y representantes sea desproporcionada la culpa no hay que achacársela a los votantes sino de los legisladores.

Tras conocerse el resultado de unas elecciones los estados de ánimo que cada elector pueden situarse entre la euforia y la frustración, incluyendo todas las posibilidades que ofrecen los estadios intermedios. Pero cualquiera que haya sido la decisión que se haya tomado no hay motivo para sentirse agobiado por las peroratas de los vendedores de malos augurios y, mucho menos, sentir remordimiento por haber hecho lo que en ese momento le parecía oportuno.

(1) Santi Vila. Huérfanos. Publicado en La Vanguardia el 8 de mayo de 2019. Fuente: https://www.lavanguardia.com/opinion/20190508/462114435247/huerfanos.html
(2) Datos recogidos de https://www.lavanguardia.com/elecciones/elecciones-generales-2019/catalunya/barcelona

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