Paradojas del juego democrático
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| Santi Vila |
Cuando hay elecciones
políticas se puede tener muy claro qué candidatura votar. O quizás no tanto.
Incluso puede ocurrir, como escribe Santi Vila, que se vota a pesar de sentirse
huérfano “prestando el voto de mala gana”. El exdirigente convergente expone en
un artículo sus dudas y razonamientos antes de decidir qué votar en las pasadas
elecciones generales: “Personalmente, confieso ser uno más de los millones de
ciudadanos que tuvieron gran dificultad a la hora de escoger la papeleta
electoral. En muchas encontraba alguna virtud; en todas, muchos defectos.” (1)
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Cada voto emitido es una
decisión personal que lleva consigo unas motivaciones. ¿Cuál es la
responsabilidad real de cada votante? La que supone su voto respecto al total de
los contabilizados, en la circunscripción de Barcelona 3.121.826. Pero eso no
implica que surjan algunos arrogantes gurús -políticos, periodistas, sociólogos-
que reprenden a los electores por haberse abstenido, o por haber votado una
opción que no ha obtenido representación, o por -según sus cálculos- haber posibilitado
que salga beneficiada una formación distanciada política o ideológicamente a la
que él ha elegido. Según su criterio, han cometido el craso error de dejarse
llevar por sus preferencias en lugar de decantarse por lo que convenía -¡viva
la libertad!-.
Estos expertos en lides políticas no dudan en reforzar
sus argumentos aludiendo a la gran cantidad de arrepentidos de que tienen constancia tras conocerse el resultado
del escrutinio: ¡Conozco a muchos que lamentan…! ¡Si hubieran sabido lo que iba
a pasar…! –quizá tienen el privilegio de contar con un censo específico que lo
corrobore-. Pero la influencia real de lo que haga cada votante en particular
es ínfima y si resulta que la aplicación de ley electoral implica que muchos
votos se queden sin representación o que la relación entre número de votos y
representantes sea desproporcionada la culpa no hay que achacársela a los
votantes sino de los legisladores.
Tras conocerse el resultado
de unas elecciones los estados de ánimo que cada elector pueden situarse entre
la euforia y la frustración, incluyendo todas las posibilidades que ofrecen los
estadios intermedios. Pero cualquiera que haya sido la decisión que se haya
tomado no hay motivo para sentirse agobiado por las peroratas de los vendedores
de malos augurios y, mucho menos, sentir remordimiento por haber hecho lo que en
ese momento le parecía oportuno.
(1) Santi Vila. Huérfanos.
Publicado en La Vanguardia el 8 de mayo de 2019. Fuente: https://www.lavanguardia.com/opinion/20190508/462114435247/huerfanos.html
(2) Datos recogidos de https://www.lavanguardia.com/elecciones/elecciones-generales-2019/catalunya/barcelona



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