dissabte, 4 de juliol del 2020

Transitar por el desierto

Escribir (a veces) duele



Cuando la inspiración se aletarga.
Cuando las palabras se esconden.
Cuando el ruido interfiere.
Cuando el requerimiento interrumpe.
Cuando la ansiedad bloquea.
Cuando la (aparente) esterilidad alucina.
Escribir duele.

Las musas son antojadizas,
amigas de la inoportunidad
¿Por qué lo que tan claro veía
se oscurece al quererlo plasmar?
Escribir duele.

Los vocablos son juguetones;
del archivo mental desaparecen
en el momento crucial;
y asoman de nuevo risueños
tras mucho rumiar.
Escribir duele.

Un sonido desquiciante,
exterior e interior;
en la casa y en la calle,
en la canción pegadiza,
en el recuerdo invasor,
en el anhelo que emboba.
Escribir duele.

Ensamblas frases o versos
el relato o el poema toman forma;
y el rollo de pronto se corta
al oír una voz cercana,
un mensaje, una llamada.
Escribir duele.

El tiempo apremia;
es la alarma inconsciente de tu mente,
que quiere apresurar
lo que debe cocerse lentamente.
Escribir duele.

El poeta se sorprende
pensando en colocar
lo que no es ni esbozo;
le agobia la sequedad,
duda de su talento.
Escribir duele.

Es el sino del creador,
que la sazón arranca de dentro;
paciencia y tesón;
confianza y arrestos
para seguir adelante,
a pesar de saber
que (a veces)
escribir duele.

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