Escribir (a veces) duele
Cuando la inspiración se
aletarga.
Cuando las palabras se
esconden.
Cuando el ruido interfiere.
Cuando el requerimiento
interrumpe.
Cuando la ansiedad bloquea.
Cuando la (aparente) esterilidad alucina.
Cuando la (aparente) esterilidad alucina.
Escribir duele.
amigas de la inoportunidad
¿Por qué lo que tan claro
veía
se oscurece al quererlo
plasmar?
Escribir duele.
Los vocablos son juguetones;
del archivo mental
desaparecen
en el momento crucial;
y asoman de nuevo risueños
tras mucho rumiar.
Escribir duele.
Un sonido desquiciante,
en la casa y en la calle,
en la canción pegadiza,
en el recuerdo invasor,
en el anhelo que emboba.
Escribir duele.
Ensamblas frases o versos
el relato o el poema toman forma;
y el rollo de pronto se corta
al oír una voz cercana,
un mensaje, una llamada.
Escribir duele.
El tiempo apremia;
es la alarma inconsciente de tu mente,
que quiere apresurar
lo que debe cocerse
lentamente.
Escribir duele.
El poeta se sorprende
lo que no es ni esbozo;
le agobia la sequedad,
duda de su talento.
Escribir duele.
Es el sino del creador,
que la sazón arranca de
dentro;
paciencia y tesón;
confianza y arrestos
para seguir adelante,
a pesar de saber
que (a veces)
escribir duele.



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