dimecres, 12 d’octubre del 2022

Estigmatizadores apasionados

¿Prohibido ir contracorriente?

‘Si todos los discursos son igualmente válidos, la lucha por imponer el propio se acentúa, se radicaliza’, es lo que extraje de una intervención radiofónica de Antonio Fornés sobre el relativismo (1). Parece que se trata, como repetía irónicamente un predicador, de que si no se puede convencer por la fuerza de la razón, aplicar la razón de la fuerza. El número de sabihondos de cualquier tema que se aborde ha crecido exponencialmente amparado en las redes sociales y se puede llegar a la conclusión de que tener razón es directamente proporcional al volumen del ruido que se hace –trols y usuarios clonificados incluidos-.

Leo en una columna de Juan Cadarso: «Decía un genial escritor español que una cosa es “provocar” y otra muy distinta es que tus ideas, o tu forma de vivir, sean “provocadoras”. Mientras el primero falsea sus creencias con tal de producir un efecto en el interlocutor, el segundo vive de acuerdo a lo que cree, aunque el mundo se retuerza de odio, tirria e indignación.» (2)

Expresar las convicciones puede resultar molesto para algunos. Hannah Arendt lo sufrió tras la publicación de Eichmann en Jerusalén; su análisis del proceso al dirigente nazi no se ajustaba al discurso oficial que se estaba propagando en ambientes judíos. En el curso de una entrevista televisada decía al respecto: “Por la libertad merece la pena pagar un precio”; y un minuto después: “Sé que hay que pagar un precio por la libertad, pero no puedo decir que me guste pagarlo” (3). Hannah Arendt era una prestigiosa intelectual, lo que ella dijera podía tener una amplia repercusión y algunos pretendían que su trabajo avalara sus tesis y se sintieron defraudados.

Canta Rosalía: Es mala amante la fama y no va a quererte de verdad / Es demasia'o traicionera, y como ella viene, se te va / Sabe que será celosa, yo nunca le confiaré / Si quiere' duerme con ella, pero nunca la vayas a casar” (4). La fama enaltece, populariza, pero la sobreexposición que suscita acrecienta la vulnerabilidad: demasiados ojos mirando, demasiados cuervos analizando, demasiados interesados dispuestos a aprovecharse, a instrumentalizar.

Tamara Falcó es famosa desde que nació y gran parte de lo que hace es motivo de interés periodístico; muchos medios consideran que lo que ocurre en su vida es noticia que interesa al público. Ella no oculta sus creencias, habla de ellas con naturalidad cuando se tercia, como quedó patente en la edición de Masterchef en la que participó y ganó cuando Pepe Rodríguez le preguntó en uno de los programas qué hacía para superar momentos de tensión y le respondió que rezaba el rosario. Esta manera de expresarse, unida a su fama, parece incomodar a quienes quieren adueñarse del discurso público –llámese corrección política u otra cosa- y tienen la pretensión de silenciar a todo aquel que no siga la senda que quieren imponer; lo están consiguiendo en el quehacer de muchos dirigentes políticos y medios de comunicación que por convicción, moda o conveniencia dan pábulo a sus tesis o consignas.

Como les ha pasado a otros famosos que están en el punto de mira de los celosos vigilantes de la ortodoxia de los dogmas sociales que defienden, todo lo que diga o haga Tamara se examina con lupa con ánimo de encontrar una rendija dónde verter su inquina destructiva y desacreditarla, quizá con ello piensan que lograran desactivar su influencia. Ha ocurrido recientemente a raíz de unas declaraciones que realizó durante el reciente Congreso Mundial de Familias celebrado en México que se han interpretadas por algunos torticeramente. A modo de ejemplo reproduzco un titular de El Periódico: “Tamara Falcó, la nueva versión chic (y mucho más peligrosa) del discurso ultracatólico”, que además está encabezado con el lema ‘Marketing reaccionario’ (5).

Da la impresión que para algunos, Tamara Falcó se ha convertido en un problema que hay que extirpar, cancelar en jerga woke –triste fruto derivado de la siembra de los autoproclamados adalides de la libertad-. ¿Qué se quiere significar en este caso con el prefijo ultra? ¿Alguien que expresa con naturalidad su fe?, ¿un fanático?, ¿alguien que no comulga con determinados dogmas sociales que se quieren imponer? ¿Cómo cabría calificar a aquellos que muestran un impostado grado superlativo de susceptibilidad, prestos a ofenderse con tanta facilidad interpretando tendenciosamente las palabras? ¿Quién es reaccionario? ¿Aquél que no se convierte en lo que el recientemente fallecido Jesús Quintero llama ‘chusma veleta’? (6) ¿Pueden soportar tantos que se llenan la boca con las palabras diversidad o pluralidad que alguien no les siga la corriente y además sea famoso? ¿Pretenden acaso amedrentar o someter? ¿Tienen miedo de que su discurso se venga abajo por inconsistente?

En medio de tanto pim-pam-pum mediático quizá el rezo del rosario haya aquietado el espíritu de Tamara. Pienso también en lo que dijo ‘El Sevilla’ de ella al abandonar las cocinas de Masterchef y lo uno a la respuesta que le dio un sacerdote en un acto multitudinario a una mujer argentina que debido al entusiasmo con que transmitía su fe la apodaban ‘La Fanatini’: Un fanático no sabe ni amar ni perdonar. ¿Tú sabes amar y perdonar?’ ‘Con toda el alma padre’, contestó la mujer. Quizá esto nos ayude a saber distinguir una convicción de un delirio.

(1) En ¿Son demócratas las abejas? escribe Antonio Fornés acerca del relativismo: «…la modernidad ilustrada acabó con la posibilidad de una razón objetiva, universal, pues para eso necesitaría de la trascendencia. El resultado de esto… es una subjetivación de la razón, que se ha convertido en instrumento de poder y dominio, sumergiéndonos a todos en el puro relativismo. Pero, inevitablemente, en el relativismo la ética desaparece, porque ya no es posible encontrar algo más allá del hombre capaz de imponer un orden, una ley universal. Con el relativismo solo queda el interés personal, el cumplimiento de la norma porque me favorece o porque cumplirla es menos malo que no cumplirla.» Antonio Fornés / Jesús A. Vila: ¿Son demócratas las abejas? La democracia en la época del coronavirus (2020). Editorial: Diëresis – 2ª edición (2020). 215 páginas. Capítulo 2. La democracia mañana (tras el coronavirus). Páginas 59-60

(2) Juan Cadarso: El Cristo de Quintero y el calvario de Tamara Falcó. Publicado en Religión en libertad el 10 de octubre de 2022 https://www.religionenlibertad.com/opinion/806261698/cristo-quintero-calvario-tamara.html

(3) Hannah Arendt: ¿Qué queda? Queda la Lengua Materna (1964) Entrevista a Hannah Arendt realizada por Günter Gauss y emitida por la televisión de Alemania Occidental el 28 de Octubre de 1964, las expresiones indicadas se pueden escuchar a partir del minuto 54:45. https://www.youtube.com/watch?v=WDovm3A1wI4

(4) Rosalía con The Week’nd: La Fama. https://www.letras.com/rosalia/la-fama-part-the-weeknd/

(5) Artículo de Juan Ruiz Sierra, publicado en El Periódico el 8 de octubre de 2022. https://www.elperiodico.com/es/sociedad/20221008/tamara-falco-homofobia-influencers-ultra-76985408

(6) Ver Jesús Quintero: “Si Cristo volviera…”. https://www.youtube.com/watch?v=SUYN07QNzPg

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