¿Dónde acaba la obra de arte?
Hay personas con gran capacidad
para decir frases que dejan huella. Una de ellas era Manel Prats, un pintor y
docente tarraconense fallecido hace unos treinta años, una persona a la que
admiré y con la que pasé buenos ratos escuchándole. En una ocasión le
preguntaron cuando acabaría un cuadro que estaba realizando, a lo que contestó:
“los cuadros no se acaban, se dejan”.
Todo trabajo creativo tiene la
tendencia a eternizarse. Siempre se encuentra algo que poder mejorar, algún
retoque que ajuste mejor la obra a lo que se quiere expresar. Sin embargo, sólo
se convierte en una realidad si el artista pone el punto y final a su trabajo,
bien sea presionado por plazos de entrega que hay que cumplir, por cansancio, o
por la conveniencia de no caer en un perfeccionismo enfermizo donde prima más
el orgullo que el aumento de calidad.
Pero, ¿puede la obra de arte
trascender al producto entregado por el artista? En el ámbito literario, Carlos
Pujol considera que eso define el trabajo de un gran escritor. En el prólogo
del libro El cuadro de Mercedes
Salisachs* escribe: “El secreto de la literatura está más en lo que se sugiere
que en lo que se dice; el escritor de verdad se resiste a echar el cierre a su
historia, a darla del todo por completa, sabiendo que cualquier conclusión -y
no digamos si hay interés didáctico o moraleja- limitaría el alcance de sus
palabras. Por eso los mejores libros, los que merecen releerse, son los que no
terminan y se agotan con su lectura, sino los que después de su final empiezan
una nueva vida en la memoria y la imaginación del lector”.
*Mercedes Salisachs: El cuadro (2011) - Libros Libres (2011)
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