dilluns, 24 d’agost del 2015

Sanidad pública

Enviada a El Periódico de Catalunya el 24 de agosto de 2015

Asistencia ilimitada, recursos limitados

Si una autopista de cinco carriles desemboca en una vía urbana de dos es muy probable que con frecuencia se produzcan atascos. Y si para evitarlos consideramos que se tendrían que ampliar los carriles de la vía urbana, es posible que en su ejecución queden afectados edificios y espacios públicos destinados a otros usos, creando una incomodidad o trastorno a los residentes o usuarios de los mismos.

Esta imagen se puede trasladar a lo que supone la asistencia sanitaria universal y gratuita. En el discurso político es fácil hacer demagogia con este tema y otros relacionados. Queda muy bien decir que hay que atender a todo el mundo  de la misma manera y exponer casos límite para reforzar dicho planteamiento, pero ponerlo en práctica conlleva de ordinario incomodidad y trastornos a los usuarios habituales del servicio y al personal sanitario, situación que se suele omitir en las grandilocuentes declaraciones de muchos políticos.

Los recursos económicos, materiales y personales necesarios para poder atender esta exigencia chocan con cualquier presupuesto, porque se plantea una demanda ilimitada frente a unos recursos limitados.

Pese a ello, ¿puede llevarse a cabo? Sí. Pero además de la voluntad política y la capacidad de gestión hay que ser sensibles para oír antes la voz de los directamente perjudicados, aquellos que cumpliendo con los requisitos ordinarios ven mermado el nivel de atención que reciben por este motivo. No se es solidario y generoso por imposición, ni tampoco a cuenta de otros.


Por eso, los políticos, antes de regalarnos los oídos con bonitas palabras, deberían estar atentos a lo que se palpa en el entorno de los usuarios de la sanidad pública para procurar subsanar los desajustes que provocan sus decisiones. De otro modo su discurso se queda en verborrea.

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