Enviado a Diari de Sabadell el 28 de agosto de 2015
El punto y final de la obra de
arte
Hay personas con gran capacidad
para decir frases que dejan huella. Una de ellas era Manel Prats, un pintor y
docente tarraconense fallecido hace unos treinta años, una persona a la que
admiré y con la que pasé buenos ratos escuchándole. En una ocasión le
preguntaron cuando acabaría un cuadro que estaba realizando, a lo que contestó:
“los cuadros no se acaban, se dejan”.
Todo trabajo creativo tiene la
tendencia a eternizarse. Siempre se encuentra algo que poder mejorar, algún
retoque que ajuste mejor la obra a lo que se quiere expresar. Sin embargo, hay que ponerle un
punto y final: plazos de entrega que hay que cumplir, se descubre que apenas se
puede avanzar o la conveniencia de no obsesionarse inútilmente en un
perfeccionismo enfermizo en la que prima más el orgullo que la mejora
cualitativa.
Pero una obra de arte no acaba
en el autor, cada lector, cada espectador, tiene algo que decir, es quien pone
la guinda, su punto y final, y el artista puede favorecer esa capacidad
creativa fruto de la contemplación de su obra. Refiriéndose a la literatura Carlos
Pujol hace el siguiente comentario en el prólogo del libro El cuadro de Mercedes Salisachs*: “El secreto de la literatura está
más en lo que se sugiere que en lo que se dice; el escritor de verdad se
resiste a echar el cierre a su historia, a darla del todo por completa,
sabiendo que cualquier conclusión -y no digamos si hay interés didáctico o
moraleja- limitaría el alcance de sus palabras. Por eso los mejores libros, los
que merecen releerse, son los que no terminan y se agotan con su lectura, sino
los que después de su final empiezan una nueva vida en la memoria y la
imaginación del lector”.
*Mercedes Salisachs: El cuadro (2011) - Libros Libres (2011)
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