dimarts, 6 de desembre del 2016

La Biblia como referencia

Una historia y una anécdota

El matrimonio Hahn, Scott y Kimberly, explican el camino de su conversión al catolicismo en Roma, dulce hogar. Una proceso que me llamó la atención porque rompía con los esquemas que hasta entonces me había fabricado. En este caso tuvo su origen en la profundización en el conocimiento de los textos de Biblia y para que avanzara precisó vencer resistencias internas y externas: culturales, profesionales, afectivas y de discernimiento de consejeros. También puso a prueba la relación matrimonial, porque los pasos de los cónyuges no se producían al unísono –pese a la buena disposición de ambos- y también porque algunos lazos familiares aparecían como un obstáculo insalvable. Un itinerario hermoso y difícil de trazar si no se tiene una gran confianza en Dios y una actitud honesta, que requiere fortaleza de ánimo.

En la parte final de la narración, Scott habla de algunos aspectos que le sorprendieron en contrate con su vivencia en la comunidad protestante:
Cuando los protestantes evangélicos se convierten al catolicismo, frecuentemente entran en una especie de «trauma cultural religioso». Han dejado atrás congregaciones en las que se canta a pleno pulmón, con una predicación práctica basada en la Biblia, un tono conservador pro-familia en el púlpito, y un vivo sentido de comunidad; con varias reuniones de oración, compañerismo y estudio bíblico entre las que pueden escoger cada semana. En contraste, la parroquia católica media generalmente anda más bien parca en estos aspectos. Aunque los nuevos conversos normalmente sienten que ellos «han vuelto a casa» al hacerse católicos, no siempre se «sienten en casa» en sus nuevas familias parroquiales. Kimberly y yo pudimos experimentarlo.” Y más adelante ambos proclaman: “A nuestros hermanos y hermanas católicos queremos animarlos y motivarlos a conocer mejor la fe católica, que ha sido confiada a nosotros como un patrimonio sagrado. Por vuestro propio bien -y el de los demás- estudiadla, para saber qué creéis y por qué lo creéis. Leed la Sagrada Escritura diariamente.” (1)

Leer la Biblia. He de decir que no fue hasta 2010 en que me decidí a leer toda la Sagrada Escritura, una tarea que duró dos años, porque iba avanzando poco a poco. Un texto tan rico y con tantas connotaciones requiere a menudo de explicaciones adicionales para captar los mensajes que nos va transmitiendo y descubrir su aplicación a la vida cotidiana.

Desde hace unas semanas estoy asistiendo a las sesiones de ‘estudio bíblico’ que desde hace unos años impulsa el rector de la parroquia de Sant Vicenç de Jonqueres de Sabadell, mossèn Alfons. El objetivo es familiarizarse con el texto sagrado tomando como referencia las lecturas de la Misa del domingo siguiente. A partir de ahí se leen también otros textos de las Sagradas Escrituras relacionados. Surgen comentarios, aclaraciones y alguna controversia, en un ambiente sereno que ayuda a ampliar la base de conocimientos y hacer más comprensible el texto.

Parroquia de
Sant Vicenç de Jonqueres
A modo de ejemplo relato una anécdota. A punto de finalizar la última sesión percibí una contradicción entre dos de los pasajes leídos que inciden en la relación entre Juan Bautista y el profeta Elías. En el evangelio de San Mateo dice Jesús: “Porque todos los profetas y la ley cumplieron su misión profética hasta Juan. Y si queréis aceptarlo, éste es Elías, el que tenía que venir. El que tenga oídos que oiga.” (Mt. 11, 13-14). Sin embargo, en el de San Juan le preguntan a Juan Bautista: “<Pues entonces, ¿qué?, ¿Eres tú Elías?>” Y él contesta: <No lo soy>”. (Jn. 1, 21).* La pregunta sirvió para que el sacerdote explicase lo que significa la ‘copa de Elías’ en la celebración de la pascua judía. Algo de lo que no había oído hablar con anterioridad. Así he hallado descrito este rito: “En cada mesa preparada para la Pascua queda un lugar vacío para Elías el profeta, huésped de honor en cada mesa de la Pascua. El pueblo judío espera que Elías venga en Pascua y anuncie la venida del Mesías (Malaquías 4:5). Por eso se prepara un lugar y se sirve una copa de vino y sus corazones esperan ansiosamente el regreso de Elías anunciando las buenas nuevas. Cuando la cena se termina se manda un chico a la puerta a abrirla y ver si esta Elías. Cada año, el chico regresa desanimado y el vino se derrama sin que nadie lo tome”. (2)

Una anécdota que puede parecer de poca importancia, simple culturilla, pero que incide en la interconexión entre fe y razón según la expresión de San Agustín: “Cree para comprender, comprende para creer”. Algo que no se puede desdeñar si no se quiere caer en una fe estrictamente ritual.

(1) Scott y Kimberly Hahn: Roma dulce hogar (Rome Sweet Home) 1993 – Ediciones Rialp 20ª edición 2014. Traducción de Miguel Martín. (Capítulo 9, páginas 181-182 y Conclusión, página 193)

 * Versión de La Biblia de 1975 del profesor de Sagrada Escritura Serafín de Ausejo, O. F. M. publicada por Círculo de Lectores en 1990.

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