El peso del entorno
Tengo la impresión de que tanto
si se trata de un partido de competición como de una pachanga Neymar se
divierte jugando a fútbol. Su estilo de juego preciosista revela a alguien que
disfruta y quiere dar realce a lo que hace, unas cualidades muy valoradas para
el espectáculo –especialmente orientado a la televisión- en que se ha
convertido el fútbol profesional de élite.
Pero tanto para él como para
su entorno la marca Neymar es, hoy por hoy, una mina de oro que pretenden
explotar al máximo mientras puedan. Son unos cuantos los que se enriquecen a
expensas del astro brasileño. Su polémico fichaje por el
Barça -con frentes judiciales todavía abiertos- desveló la gran cantidad de
intereses que se movían en torno al jugador y obligó a la directiva azulgrana a
corregir (casi doblar) el montante de la operación anunciado inicialmente.
El interés de un cazador de
estrellas por adquirir notoriedad en el mundo del fútbol ha posibilitado el
cambio de aires de Neymar a cambio de una cifra astronómica, porque si nos
atenemos a los antecedentes, la operación superará con creces los 222 millones
de la cláusula de rescisión, salvo que sorprendentemente el entorno del jugador
renuncie a lucrarse con el traspaso.
El rol de Neymar en el PSG,
obviamente, va a ser mucho más exigente que el que tenía en el Barça. Messi le
relegaba en el podio de figuras, pero también le permitía un grado menor de
responsabilidad y una mayor posibilidad para adornarse en el terreno de juego. En
su nuevo equipo centrará toda la atención y su evolución en el campo acarreará
el peso de su costoso de su fichaje, una responsabilidad que puede mermar las
opciones para lucirse con florituras.
Neymar ya es historia del
Barça, una página para el recuerdo. Apelar a los sentimientos, tal como está hoy
el mundo del fútbol, es ocioso. Tiene todo el derecho a elegir dónde quiere
jugar, aunque su grado de autonomía parece lastrado por la influencia de su
entorno.


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