Buscando las claves
Para deshacer una madeja es
necesario tirar del hilo y deshacer los nudos. Sería pretencioso pretender dar
con las claves de los recientes atentados en Cataluña, pero sabemos que, a
pesar de su importancia para fortalecer el ánimo de los ciudadanos, no basta
con escenificar multitudinariamente el rechazo al terrorismo, como se ha hecho ejemplarmente
en múltiples actos celebrados en pueblos y ciudades, para desactivar esta lacra
de ámbito mundial.
No hay que dejarse engañar por
las motivaciones que esgrimen los promotores, porque quien institucionaliza la
violencia indiscriminada siempre encuentra un motivo de justificación, aunque
no tenga ni pies ni cabeza, para satisfacer su sanguinario narcisismo.
Pienso que hay que prestar especial
atención a dos de los factores que incorpora el fenómeno: las armas de
seducción y el caldo de cultivo. En cuanto a las primeras hay que llegar a
conocer a fondo las técnicas y los medios empleados, que probablemente se
asemejaran a los aparatos de propaganda convencionales, añadiéndoles quizá algún
grado de sofisticación. Respecto al terreno donde fertiliza el mensaje, es a la
sociedad en su conjunto a quien compete. Silencios, desentendimientos, desatenciones,
prejuicios… inciden negativamente en la cohesión social, que en primer lugar es
buena vecindad. Interesarse por nuestros congéneres sin encorsetarlos, sin
pretender invadir su intimidad, pero construyendo una confianza que vertebra la
convivencia.
Junto a ello, evitar las
reticencias para llamar a las cosas por su nombre. Los hechos por sí solos no etiquetan,
ni estigmatizan, ni generalizan, ni criminalizan… Otra cosa son las
interpretaciones interesadas, los complejos ideológicos, los compromisos
grupales…, que a menudo dificultan la tarea de llegar al fondo de las
cuestiones y permitir que se resuelvan eficazmente los conflictos.Tras el mal trago, cabe esperar que los ingredientes –comportamientos- causantes de la amargura acaben pronto desvaneciéndose.

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