Precaución por autoconocimiento
Escarmentar en cabeza
ajena. Quizá fuera el principal motivo que guiaba el criterio de un competente jefe
de departamento que tuve en el banco en que trabajaba. Han pasado casi 40 años y
todavía recuerdo algunos de sus comentarios: “Cuando eres director de una
oficina hay clientes que te proponen participar en un negocio con grandes
expectativas de éxito. Si decides involucrarte y aceptas que la empresa sea cliente, puedes tener un problema cuando te corresponde decidir qué hacer cuando llega un cargo (recibo, letra...) y no hay fondos para
atenderlo.” En otra ocasión explicaba la determinación de no acudir al casino de la población donde disponía de una segunda residencia cuando le nombraron jefe
de Caja General, a pesar de que lo frecuentaban otros compañeros de trabajo:
“Si un día se me ocurriese coger 5.000 pesetas de la caja para ir al casino con
la intención de devolverlos cuando regresara el lunes y no pudiera hacerlo
empezaría el conflicto”. Su prevención se entiende mejor después de haber sido testigo de despidos y conflictos protagonizados por empleados que se han extralimitado de funciones, o han engañado a los clientes, o ‘metido la mano en la caja’. Ingenuidad,
vanidad, avaricia, ambición, adicciones… podían ser algunos de los elementos causantes de esos
comportamientos irregulares, pero el exceso de
confianza es otro aspecto a considerar.
Dicen que hay personas con
las que se haría un gran negocio si se compraran por lo que valen y se
vendieran por lo que creen que valen. Pero la chulería no sólo sirve para hacer chistes, porque sus consecuencias pueden llegar a ser nefastas: ¡Cuántos ‘yo
controlo’, ‘conozco mis límites’, ‘cuando quiera lo dejo’, ‘a mí no me va a
pasar’… conducen hacia un terreno pantanoso que cada vez se hace más difícil
abandonar!
La autoestima es necesaria para
afrontar retos y superar dificultades, pero no es incompatible con mantener un cierto grado de autodesconfianza que corrija la sensación de suficiencia, sobre todo para gestionar situaciones de riesgo,
porque permite poner la atención que requiere a cada asunto (respeto,
profesionalidad) y decidir lo que conviene hacer en cada momento sin dejarse
arrastrar por el ambiente (antídoto de amargas resacas, no exclusivamente
etílicas).
El conocimiento de uno
mismo, como aconseja el aforismo griego, es el timón que conduce al equilibrio,
un itinerario flanqueado por la reflexión, la sinceridad con uno mismo y la
colaboración leal de los que nos acompañan en la ruta –necesitamos de
referencias externas, porque estamos demasiado cerca de nosotros mismos para contemplarnos
y juzgarnos como realmente somos-.
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada