dimarts, 24 d’octubre del 2017

Indigestión emocional

Peligro de ofuscación


La afición al fútbol puede imprimir un cierto carácter que va más allá de los éxitos deportivos del equipo que se sigue: ¡Viva er Beti manque pierda!, dice uno de los lemas más conocidos del equipo sevillano. Desde tiempo inmemorial ser del Barça ha sido para muchos un refugio reivindicativo del catalanismo y sus derivaciones que se ha manifestado en la conocida expresión: ¡Més que un club!

Cuando todavía estaba vigente el régimen franquista asistí con mi padre a un Barça-Madrid en el Camp Nou –éramos socios-. El Barça marcó un gol que desde mi posición me pareció que se había conseguido de forma irregular. Con o sin razón dije en voz alta: ¡Es falta! De inmediato un aficionado que estaba en la fila inferior se giró recriminándome el comentario, aludiendo a los agravios que había recibido Catalunya del régimen gobernante. Me quedé sorprendido y perplejo, porque entendía que su reproche estaba fuera de lugar, por mucho que cundiese entre la afición azulgrana la sensación de que se favorecía políticamente al Madrid: ‘Hala Madrid, hala Madrid / el equipo del gobierno / la vergüenza del país’, era uno de los cánticos que se coreaban en aquella época al son del himno madridista.

Desconozco la biografía de aquel apasionado –por la forma de seguir los partidos- aficionado con el que coincidía cada vez que acudía al estadio, pero su reacción me ha hecho pensar en la ofuscación esporádica, transitoria o permanente que se puede producir cuando en determinadas circunstancias las emociones se desbocan hasta el punto de impedir, obviar o desechar cualquier atisbo de razonamiento.

Hace unas semanas recibí por Whatsapp una imagen que procede de una cuenta de Twitter (1) donde se leía: “No pierdas tus amigos por política. Los políticos después de las elecciones se abrazan y se hacen socios, pero tú pierdes una amistad, una hermandad y nada te lo devolverá.” Quien me lo envió lo circunscribía al actual momento político que se vive en Catalunya y de alguna manera corroboraba lo que les dije a mis hijas en edad escolar –y he repetido en otros ámbitos- cuando me transmitían los comentarios que se hacían en el colegio y la posición que mantenían sus colegas: ‘No os peleéis por esto’ -peleéis podría sustituirse por ‘discutáis acaloradamente’ o ‘enemistéis’-.

Fútbol y política alimentan controversias, encienden pasiones y producen ofuscaciones que se hacen más patentes cuando el grado de tensión se acrecienta. La crisis política catalana tiende a intentar empujar a los ciudadanos hacia la polarización y una vez alguien se sitúa en uno de los polos el peligro de sufrir un embotamiento -restringido a ese tema- se incrementa, alcanzando su punto más álgido cuando sólo se da crédito a las informaciones, consignas o eslóganes que proceden del propio bando sin tener la precaución de someterlas a un mínimo ejercicio de contrastación interno o externo. El ansia por contribuir a conseguir el objetivo que se persigue anula cualquier atisbo de duda o extrañeza.

Al final de uno de los capítulos de Perception  (2) se citaba a Henri Bergson: “El ojo ve sólo lo que la mente está preparada para comprender”. No podemos impedir las emociones, pero está en nuestra mano gestionarlas con la colaboración de la razón. En la medida en que las emociones predominan en cualquier asunto se va oscureciendo la realidad que le atañe o se tiñe del color que se quiere ver –hay una gran resistencia a desmentirse o a reconocer un error-. No es un problema que se resuelva exclusivamente con mayor formación, pues el grado de afección posible va desde ignorantes a grandes intelectuales, sino con el nivel de apertura de mente y honradez con que se afronte la realidad a la que estamos circunscritos.

Nadie puede considerarse inmune a esta enfermedad, los sentimientos son un gran estímulo para nuestra vida –no somos de piedra-, pero pienso que conviene que no nos hagan perder la cabeza. Tragarse sapos siempre resulta indigesto.

(1) @politicaHeroica
(2) Perception, serie de televisión, temporada 2, episodio 3: Ceguera

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