dijous, 5 d’octubre del 2017

Modas contraculturales

Definiciones que restringen


Teresa Jordà
En un noticiario radiofónico daban cuenta del debate y aprobación del ‘Pacto de Estado contra la violencia machista’ en el Congreso de los diputados y me llamaron la atención unas palabras de la diputada de ERC Teresa Jordà cuando exponía la postura de su grupo, que entresaco de la crónica de El Periódico (1): «“Los catalanes” pueden “cambiarlo todo y proclamar una república feminista y de igualdad”» –parece contradictorio unir los vocablos feminista e igualdad, porque decantarse supone desequilibrar-.

Me quiero centrar en la expresión “república feminista”, que no me sorprendió del todo porque en algunos ámbitos políticos y sociales identificarse con el feminismo –tanto hombres como mujeres- parece que da un cierto realce de persona comprometida y de estar situado a la altura de los tiempos, es cool y progresista. Me recordó a la mención que hace El engaño populista de unas palabras de Hayek en las que dice que los políticos no son líderes, sino seguidores de las ideas que están de moda. (3)

El feminismo como movimiento que incide sobre el papel que le corresponde a la mujer en la sociedad, equiparándola en reconocimiento y dignidad a la del hombre, y propugnando eliminar discriminaciones o desigualdades es una reivindicación loable y legítima para el buen desarrollo de la sociedad en su conjunto y necesaria para establecer un clima de convivencia digno y provechoso.

Paco Sánchez
Sin embargo, cuando se convierte en una ideología, que además pretende ser preponderante en la sociedad, puede caer en los vicios que describe el profesor de la Universidade da Coruña Paco Sánchez: “Las ideologías, todas, operan por simplificación de la realidad… Primero simplifican, luego definen dogmas -sobre asuntos cada vez más nimios y ridículos, por cierto- y después juzgan, juzgan sin parar y sin misericordia, producen millones de condenas que acaban con millones de vidas -literalmente- o las vuelven muy difíciles de vivir. Por eso, cuando una ideología se impone, aparece inmediatamente la cultura de la sospecha y de la delación: detrás de cada persona hay un disidente potencial, un posible discrepante que debe ser advertido o castigado sin dilación.” (2)

Un péndulo no se equilibra dando bandazos. El machismo, que es sobre todo una conducta deplorable y detestable, es una anomalía, pero no se compensa moviendo la masa hacia el extremo opuesto, como se propone un feminismo ideologizado tremendamente susceptible ante cualquier manifestación cultural que no cuele por su cada vez más impenetrable tamiz. El machismo no se combate con feminismo, ni la cultura se transforma positivamente retorciendo el lenguaje y haciéndolo cada vez más confuso o encorsetando la forma de expresarse de los ciudadanos.

Añadir a una forma de gobierno un apelativo, que es más bien una restricción, aunque se haga con muy buena voluntad y esté acompañada de los mejores deseos para reparar un daño ancestral, es un mal augurio para la libertad, a pesar de que se quiera vender como un signo de progreso.

(2) Paco Sánchez: Lucia Berlin y las ideologías. Revista Nuestro Tiempo, número 695, verano 2017, página 112
(3) Axel Kaiser y Gloria Álvarez: El engaño populista. Ediciones Deusto. Capítulo III. Cómo rescatar nuestras repúblicas. La estrategia: la construcción de un nuevo sentido común:
A mediados de la década de 1940, un adinerado empresario llamado Anthony Fisher leyó… Camino de servidumbre… Friedrich A. Hayek… Anthony Fisher…decidió contactar con el profesor Hayek en Londres… le comentó que… estaba pensando en dedicarse a la política… Al contrario de lo que esperaba, Hayek le dijo que no perdiera su tiempo, porque los políticos no eran líderes, sino seguidores de las ideas que estaban de moda. Si quería cambiar las cosas -le sugirió Hayek- debía financiar a los intelectuales para que sus ideas se hicieran populares.” Recogido de Gerald Frost, Antony Fisher: champion of liberty.

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