Poner las cosas en su sitio
‘El que te cae bien es el
que te hace las mayores putadas’ decía un profesor de secundaria alertando de
la tendencia a ser condescendientes con aquellos chicos con los que se empatiza
y de los que se espera que respondan positivamente a las atenciones que reciben.
Cuántas veces estas expectativas se truncan porque el favorecido intenta sacar
ventaja del resquicio de vulnerabilidad del docente.
Lo mismo ocurre con algunos
políticos o movimientos que generan grandes esperanzas y a los que se sigue con
fruición, atentos a sus proclamas, propuestas o mensajes para difundirlos
repetidamente sin pasar el filtro de la razón: el objetivo anhelado no permite
el mínimo atisbo de duda. Hasta que llega el chasco y el pedestal que se había
construido se derrumba, porque, como tantas veces, se descubre la falibilidad
que acompaña a todos los seres humanos.![]() |
| Carles Francino |
El periodista Carles
Francino, cansado de las heridas sociales causadas por el culebrón catalán
plantea “¿y si no les hacemos caso?” a los políticos: “entre unos y otros han
creado las condiciones propicias para que acabemos a guantazos, separados,
enfrentados, disgustados…” y más adelante asevera: “…yo paso. Pienso seguir
discutiendo con mis familiares y amigos independentistas pero sin renunciar a
los abrazos y las carcajadas; voy a continuar tomando cervezas en algún bar de
Madrid con los colegas que creen que la independencia es de locos y los
catalanes, en general, unos plastas.” (1)
¿Cuándo aprenderemos a
discrepar sin enemistarnos? ¿Vale la pena agriar los lazos familiares, romper
amistades o andar a la greña con compañeros por una controversia política? ¿No
nos damos cuenta que la mayoría de los políticos van a su rollo y que, tantas
veces, somos muy ingenuos al esperar demasiado de ellos? Aquel profesor
recomendaba exigirles más a los predilectos para romper con la propensión
paternalista. Lo mismo cabría hacer con los políticos que nos resultan atractivos:
aumentar la lupa para comprobar que se esfuerzan en hacer bien la tarea que se
les ha encomendado.
Mientras tanto Lucia Berlin
nos aporta en uno de sus relatos una sabia plegaria inscrita en las paredes de
una lavandería: “Concédeme Señor la serenidad para aceptar las cosas que no
puedo cambiar” (2).


Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada