Confusión léxica
Para no crear malas
interpretaciones, ni defraudar al lector interesado por el título, no es mi
propósito versar sobre falsedades, subterfugios, eufemismos…, sino de la
confusión a la que puede conducir la polisemia del lenguaje cotidiano cuando
alberga significados contrapuestos. De esta manera actitudes tóxicas,
perniciosas o nocivas pueden liberarse de su sentido peyorativo y, también, conductas
saludables, loables o benefactoras pueden sufrir menoscabo por mor de una interpretación
torticera.
Hace unos días discrepaba al oír que se atribuía como honesta una aparente coherencia -que en realidad no era
tal-, sin tener en cuenta que, además de los pronunciamientos previos, se han de tener en cuenta la bondad de los fines
que se persiguen y los medios que se utilizan. Mientras redactaba la réplica pensé utilizar la expresión ‘sana envidia’ para referirme a la admiración que me producía la prolífica actividad de
uno de los personajes que citaba. Quería alabar su fluidez para publicar a diario unas reflexiones en contraste con mi habitual torpeza para hilvanar
cuatro frases seguidas. Pero, de pronto consideré que en esa expresión, pese a ser común, algo chirriaba. La envidia que es un sentimiento
negativo por el que se siente tristeza por el bien ajeno, queda blanqueada al
acompañarla de un adjetivo positivo, de lo cual surge la cuestión: ¿qué puede haber de sano en
la envidia? Sin embargo, al acoplar ambos términos se convierte en una forma de reconocimiento dispensado a alguien.
Hay otros ejemplos donde la
polisemia o el uso común del lenguaje nos pueden liar. Pensaba en lo que define
al engreído o perdonavidas, la soberbia, que se utiliza también para expresar la excelencia: ‘¡ha
sido una actuación soberbia!’, quizá al usarse se considere que ‘sublime’, ‘magnífico’, ‘estupendo’ o ‘maravilloso’ no aporten el énfasis apropiado. De modo similar lo
corresponde al amor propio exacerbado, el orgullo, que sin aditivos se
transforma en una manifestación de identificación o compromiso con una causa,
un movimiento, un colectivo…: ‘sentir orgullo de…, o por…’, las alternativas, ‘satisfecho’ o ‘entusiasmado’, quizá no gocen de suficiente intensidad o fuerza expresiva.
El prestigio de otros
términos, sin embargo, queda dañado por significados enfrentados. La prudencia,
juicio recto y ponderado, se atribuye también a la indecisión, el diletantismo
o la falta de iniciativa. La humildad, reconocimiento de las propias
limitaciones que, según Santa Teresa, nos conduce a ‘andar en verdad’ (1), es a
la vez maltratada por los que fingen poseerla o actuar en consonancia, y
también por denotar la pobreza material o espiritual. La modestia, moderación
en el comportamiento –antídoto de la vanidad-, sirve también para designar
aquello que tiene poco nivel, valor o categoría. Qué no decir de la más excelsa
de las virtudes, la caridad, un amor a Dios y al prójimo que se retroalimentan
mutuamente, a quien tantas veces se acusa de alimentar supercherías y entorpecer la
acción de la justicia social.
Si el uso del lenguaje
tiene una poderosa influencia en el pensamiento, podemos acabar confundidos
entre tanto vaivén de significados y considerar un tipo estupendo al soberbio,
comprometido al orgulloso, sincero al soez o insolente, justo al airado descontrolado,
pusilánime al humilde, piltrafa al modesto, timorato al prudente o hipócrita
insolidario al caritativo. Confío en que no sea este el ánimo que prevalezca y
seamos capaces de discernir en cada ocasión para no extraviarnos. De todos modos, no
estaría mal que no pusiéramos reparos en decir al pan, pan y al vino, vino.

(1) Pedro Sergio Antonio Donoso Brant: Santa Teresa de Jesús, humildad es andar en verdad: “Una vez estaba yo considerando por qué razón era nuestro Señor tan amigo de esta virtud de la humildad, y púsoseme delante, a mi parecer sin considerarlo, sino de presto, esto: que es porque Dios es suma Verdad, y la humildad es andar en verdad, que lo es muy grande no tener cosa buena de nosotros, sino la miseria y ser nada; y quien esto no entiende, anda en mentira.” (VI Moradas 10,7). Referencia: http://www.caminando-con-jesus.org/TERESA/SANTA-TERESA-DE-JESUS-HUMILDAD.htm

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