¿Qué se pretende racionalizando?
El tono de Peter Sloterdijk
es cáustico al expresar: “De una gran ironía es el concepto freudiano de la
«racionalización»; con el título de la ratio se designan ahora aquellas
justificaciones y falsas fundamentaciones con las que la conciencia pinta o
encubre sus autoengaños. Lo racional aparece como una tapadera sobre la
irracionalidad privada y colectiva.” (1)
La realidad es la que es,
pero cuando no nos gusta, o no encaja con nuestras expectativas podemos caer en
la tentación de querer amoldarla, ajustarla a lo que ‘debería ser’ en nuestro
esquema mental. Puede deberse a diversas razones: emocionales, sentimentales,
reputacionales, políticas, económicas…
Bergson sentenció: “el ojo
ve sólo lo que la mente está preparada para comprender” (2), que apunta a una
disociación entre lo que capta la vista y lo que el cerebro percibe –la intensa
atención en el árbol que impide o dificulta prestar atención a lo que ocurre en
el bosque-. Pero la racionalización tiene más que ver con el engaño que a
menudo se convierte en autoengaño como exponía con su gracejo habitual Mago
More: ‘justificaciones racionales a conductas emocionales’ (3).
De un modo más técnico un
gabinete psicológico lo asocia al relato: “El mecanismo de defensa de la
racionalización consiste en la construcción de una narrativa que oculta la
verdadera motivación que llevó a la persona a realizar un acto, o sirve como
estrategia inconsciente para no conectar con sentimientos o deseos que la
persona no se quiere confesar a sí misma.
En muchos casos el
racionalizador se carga de razón para no reconocer algo que para los demás es
obvio. El problema es que esta explicación que la persona se cuenta a sí misma
o a los demás es solo un argumento periférico que sirve de justificación
tranquilizante, pero que no explica los motivos profundos de la conducta.” (4)
Racionalizando se pueden llegar
a conseguir objetivos a corto plazo –salir del paso, vender motos, eludir
responsabilidades, cargar el marrón…- pero en la medida en que se practica, uno
va tejiendo sobre sí un corsé que limita su pensamiento; alejándose de la
realidad por conveniencia coyuntural compromete su libertad -queda sujeta a las
necesidades autoimpuestas del relato-. Así lo da a entender el siguiente
fragmento de Fromm: “El punto decisivo no es lo que se piensa, sino cómo se
piensa. Las ideas que resultan del pensamiento activo son siempre nuevas y
originales; ellas no lo son necesariamente en el sentido de no haber sido
pensadas por nadie hasta ese momento, sino en tanto la persona que las piensa
ha empleado el pensamiento como un instrumento para descubrir algo nuevo en el
mundo circundante o en su fuero interno. Las racionalizaciones carecen, en
esencia, de ese carácter de descubrimiento y revelación; ellas se limitan a
confirmar los prejuicios emocionales que ya existen en uno mismo. La
racionalización no representa un instrumento para penetrar en la realidad, sino
que constituye un intento post factum destinado a armonizar los propios deseos
con la realidad exterior.” (5)
Estos días en los que se
acumula tanto sufrimiento colectivo duele comprobar el denodado esfuerzo que
hacen algunos por racionalizar para arrimar el ascua a su sardina, para vender
un relato que no se sostiene con la realidad, para distraer la atención… para
manipular la opinión pública en definitiva; palos en las ruedas que dificultan
la transición hacia la recuperación con un aire más solidario de la actividad
social.
(1) Peter Sloterdijk: Crítica de la razón cínica. Título
original: Kritik der zynischen Vernunft (1983). Editorial: Ediciones Siruela –
Colección: Biblioteca de ensayo, Serie Mayor, número 23 – 1ª edición (2003).
Traductor: Miguel Ángel Vega. 786 páginas. Primera parte, capítulo 3: Los ocho
desenmascaramientos, epígrafe VI: Crítica de la transparencia. Página 102
(4) Psicólogos en Madrid
EU: Racionalización. Enlace: https://psicologosenmadrid.eu/tag/racionalizacion-psicologia-ejemplos/
(5) Erich Fromm: El miedo a la libertad. Título original: The Fear
of Freedom (1941). Editorial:
Paidós – Colección: Biblioteca Erich Fromm, número 2 – 1ª edición 2009.
Traductor: Gino Germani. 287 páginas. Capítulo V. Mecanismos de evasión. Epígrafe:
3. Conformidad automática. Páginas 191-192

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