dilluns, 6 d’abril del 2020

La desesperanza no es una opción

Los contratiempos son alertas


El atisbo de nostalgia aflora entre quienes evocan épocas en que un gran número de fieles llenaba los templos en las celebraciones litúrgicas y se respiraba un ambiente cultural favorable a la práctica religiosa y la tradición convertía algunos sacramentos en acontecimientos sociales: bautismo, primera comunión, matrimonio… Cuando la vivencia de la fe constituye una tradición familiar, es una contrariedad que cuesta asumir comprobar que los descendientes se alejan de la pauta marcada por sus progenitores.

Conviene no obviar la libertad de cada uno para orientar su vida; los hijos no han de convertirse una mera proyección de los anhelos de los padres. Sin embargo, el comportamiento del entorno más cercano influye en las decisiones que toman: ‘las palabras mueven, pero el ejemplo arrastra’, dice una sentencia. En este contexto Charles J. Chaput apunta: “La razón por la que la fe cristiana es indiferente para tantos jóvenes estriba en que -con demasiada frecuencia- no ha sido importante para nosotros, o no lo suficiente como para sufrir por ella.” (1) Lo que se vive superficialmente o a medias carece de atractivo.

Las facilidades se convierten a menudo en losas porque producen un exceso de confianza en que todo se desarrolla según lo previsto sin apenas requerir esfuerzo. Desde hace unos cuantos años tengo el convencimiento de que ser consecuentes con la fe nunca ha sido una tarea fácil, ni cuando se respiraba un ambiente proclive en la calle ni cuando se pretende expulsarla del espacio público. A ello también se refiere Chaput: “Los escépticos suelen considerar la religión, como un sentimentalismo organizado, o una especie de enfermedad mental. Sin embargo, la fe cristiana bien vivida no ha sido jamás una forma de escape de la realidad, ni una muleta emocional, ni un arma para herir a los demás.” (2)

El objetivo de todos los cristianos es común: la santidad, a la que se llega por diversos caminos y cada uno ha de encontrar el suyo, que muy probablemente será uno que de buenas a primeras es poco apetecible, por las dificultades que comporta o las renuncias que plantea. Si uno tiene la sensación de estar bien aposentado en su fe, si vivirla le resulta cómodo, muy probablemente es un reflejo que algo no va del todo bien, que el enraizamiento es poco profundo y el edificio que se ha construido corre el riesgo de desmoronarse cuando se produzca alguna dificultad relevante.

En el pasaje que sigue al prendimiento de Jesús, Anne Katherine Emmerick –religiosa visionaria de la pasión de Jesús que experimentó en su cuerpo Sus estigmas— describe el comportamiento de los que presenciaban el paso de Jesús maniatado camino de la casa de Anás, entre ellos “personas bien intencionadas, pero débiles e indecisas, se escandalizaban, caían en tentación y vacilaban en su convicción. El número de los que perseveraba era escaso. Entonces sucedía lo que hoy sucede: se quiere ser buen cristiano cuando no se disgusta a los hombres, pero se avergüenza de la cruz cuando el mundo la ve con mal ojo.”

También narra Emmerick: Sin embargo, hubo muchos cuyo corazón fue movido por la paciencia del Salvador en medio de tantas crueldades y que se retiraron silenciosos y desmayados.” (3) Hay acontecimientos que nos desbordan o desconciertan. También conductas personales que nos inquietan: torpezas, infidelidades, resquemores, iracundias… Situaciones que nos pueden empujar al desánimo, a querer tirar la toalla, a dejarse arrastrar por la corriente de la moda,  -lo que se lleva en comportamiento social-… ¿Para qué complicarse la vida? Como le oí a un amigo: ‘si no quieres complicarte la vida, la vida te complicará a ti’. Con frecuencia no nos percatamos que contamos con el auxilio de la gracia para tirar adelante con garbo; la misericordia de Dios nos la provee a poco que nos pongamos a tiro. Nunca hay motivos concluyentes para la desesperanza aunque los nubarrones dificulten ver con suficiente claridad.

(1) Charles J. Chaput: Extranjeros en tierra extraña. Vivir como católicos en un mundo poscristiano. Título original: Strangers in a strange land living the Christian Faith in a Post-Christian (2017). Editorial: Ediciones Palabra – Colección: Mundo y cristianismo – 1ª edición (2018). Traductor: Diego Pereda. 333 páginas. Capítulo 1: Residentes extranjeros, página 17
(2) id., página 18
(3) Anne KatherineEmmerick (1774-1824): La Dolorosa Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. Editorial: ADADP – 1ª reimpresión (2017). 187. Capítulo 13: Jesús delante de Anás, página 86

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