diumenge, 21 de maig del 2023

Necesitamos intelectuales honestos

Buscando la verdad sin tapujos

En La luz apacible, Louis de Wohl incluye el siguiente diálogo entre el maestro dominico Alberto (A) y su aventajado discípulo Tomás (T):

«(A) Entonces, déjame que te haga una pregunta, hijo: ¿Cuál es la facultad racional más importante del hombre?

(T) La de discernir la verdad -repuso Tomás sin vacilar un momento.

(A) Hay quienes piensan que el hombre no es capaz de discernir la verdad.

(T) Se les puede refutar diciéndoles que tal postulado contradice su propia hipótesis. Si el hombre no es capaz de discernir la verdad, tampoco puede postular como verdad que es incapaz de discernir la verdad.

(A) Además, tampoco seríamos capaces de reconocer el error como tal error -dijo Fray Alberto-… Aunque ciertamente con frecuencia no es fácil reconocerlo. ¿Qué es, a tu juicio, lo que hace que el error sea muchas veces creíble?

(T) La cantidad de verdad que el error contiene

(A) ¡Ay! -exclamó Fray Alberto-. La verdad mezclada con el error: ese es el gran peligro… El gran peligro que nos amenaza, el que puede sojuzgar al mundo, destruir nuestras hermosas catedrales y hundir nuestra fe en un profundo abismo» (1).

Alberto (san Alberto Magno) y Tomás (santo Tomás de Aquino) fueron dos grandes sabios y santos, es decir dos hombres con grandes dotes intelectuales y, a la vez, humildes; no se puede ser santo sin ser humilde. Buscaban la verdad en aquello que trataban, analizaban las cuestiones en profundidad sin dejarse llevar por las primeras impresiones. Como en la parábola del trigo y la cizaña (2), se esforzaban en desentrañar que había de buena cosecha y mala hierba en aquello que les correspondía valorar –qué hay de verdad, qué hay de error-.

En el seno de la Iglesia católica, desde sus inicios bajo el impulso del Espíritu Santo el día de Pentecostés, ha habido a menudo controversias doctrinales, como sucede en estos momentos; en el capítulo 15 de los Hechos de los Apóstoles se relata una de ellas, que servirá de pauta para otro artículo ligado al llamado Sínodo de la sinodalidad que ha promovido el papa Francisco. Ahora quiero centrarme en la actitud intelectual para abordar las cuestiones sirviéndome de un fragmento del informe previo del entonces cardenal Ratzinger a la Instrucción sobre algunos aspectos de la teología de la liberación de la Congregación para la doctrina de la fe (3); un asunto espinoso que afectaba principalmente a América Latina y repercutía vivamente en toda la Iglesia:

«Para aclarar mi misión y mi intención en este tema, me parecen necesarias algunas observaciones previas… 2) Al analizar el fenómeno de la teología de la liberación, se manifiesta claramente como un peligro fundamental para la fe de la Iglesia. Indudablemente, es necesario recordar que un error no puede existir si no contiene un núcleo de verdad. De hecho, un error es tanto más peligroso cuanto mayor es la proporción del núcleo de verdad aceptada. Por otra parte, el error no podría apropiarse de una porción de verdad si esta verdad fuese suficientemente vivida y testimoniada allí donde debe serlo, es decir, en la fe de la Iglesia. Por tanto, junto a la demostración del error y del peligro de la teología de la liberación, es preciso también preguntarse: ¿Qué verdad se esconde en el error y cómo recuperarla plenamente?» (4)

Estas palabras reflejan la actitud intelectual honesta que Joseph Ratzinger profesó a lo largo de su vida, yendo al meollo de las cuestiones que le correspondía abordar en cada momento en busca de la luz que las tinieblas más o menos densas opacaban. Se manifiesta en esa Instrucción y en sus escritos. Es la actitud que debería adornar a los intelectuales si quieren ser luz para la sociedad.

(1) Louis de Wohl: La luz apacible. Capítulo X

(2) Evangelio según san Mateo, capítulo 13, versículos 24-30:

«Les propuso otra parábola: «El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras los hombres dormían, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?”. Él les dijo: “Un enemigo lo ha hecho”. Los criados le preguntan: ¿Quieres que vayamos a arrancarla?. Pero él les respondió: “No, que al recoger la cizaña podéis arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y cuando llegue la siega diré a los segadores: arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero”.» Extraído de https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/nuevo-testamento-mateo/

(3) Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe: Instrucción sobre algunos aspectos de la «Teología de la liberación». Texto completo en https://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_19840806_theology-liberation_sp.html

(4) El cardenal Ratzinger habla sobre la teología de la liberación, traducción en el número 366 de la revista Nuestro Tiempo, diciembre 1984, del texto publicado en la revista italiana 30 Giorni.

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