Aprender de la
crisis
‘A mí esto no me
va a pasar’, pensé tras un partido en que el equipo de fútbol infantil que
dirigía ganó por 19-0, pero esa misma temporada perdíamos otro por 14-1. ¡Vaya
chasco! La vida te alecciona para bajarte los humos. Presumir de ser inmune a
determinadas situaciones se va al traste si antes no se han tomado las debidas
precauciones. También les ocurre a los gobernantes que sueñan con soluciones
mágicas y crecimientos ilimitados. ¡Milagros económicos!
Vivimos unos años
de euforia económica con dos sectores protagonistas: inmobiliario y financiero,
que contagiaron al resto de la sociedad. El precio de las viviendas subía
continuamente por la presión de la demanda y las entidades financieras ofrecían
cada vez más facilidades, aunque para ello tuvieran que endeudarse para atender
la concesión de crédito, porque los recursos ordinarios eran insuficientes. La
brecha se ensanchaba continuamente sin que el Banco de España y los gobiernos
de turno, del PP y PSOE, pusieran medios adecuados para impedirlo. Jugábamos en
la “Champions League de la economía mundial”, proclamaba el expresidente
Rodríguez Zapatero en 2007. (1)![]() |
| José ante el Faraón |
Lecciones de la
historia, como la que refiere el pasaje bíblico narrado en el Génesis (2) del patriarca José y los sueños
del Faraón egipcio, invitan a administrar con prudencia durante
las épocas de bonanza para evitar o paliar las penurias cuando vienen mal
dadas. En la economía hay ciclos positivos y negativos y, aunque la
globalización incrementa las oportunidades, también los hacen los riesgos; a
mayor interdependencia mayor grado de exposición. Un episodio aparentemente local:
la crisis de las hipotecas subprime en los Estados Unidos, actuó como desencadenante
de una crisis global que afectó a todos los sectores de la economía, y sus
consecuencias todavía se están pagando: desaparición o reconversión de
empresas, desempleo, desahucios, morosidad, desconcierto y hartazgo social…
¿Servirá de escarmiento
para gobernantes y ciudadanos?
(2) Sagrada
Biblia. Génesis, capítulo 41 (http://www.vatican.va/archive/ESL0506/__P16.HTM)

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