Buscando políticos inmaculados
Kurt Waldheim fue
elegido presidente de Austria en 1986, un hecho controvertido por las
informaciones que lo acusaban de haber colaborado con el nazismo. Pese a
continuar en el cargo hasta 1992 su labor estuvo seriamente condicionada por
este motivo. Lo más sorprendente, sin embargo, es que Waldheim había sido Secretario
General de las Naciones Unidas entre 1972 y 1981. Cuesta imaginar que entre los
países miembros de la ONU, especialmente aquellos con derecho a veto, se
desconociera la vinculación de Waldheim con el régimen hitleriano. ¿Por qué lo
que se obvió o no se le dio importancia para ser el máximo representante de la
ONU se convirtió luego en un lastre para ejercer la presidencia austríaca?
Todos los
políticos están expuestos a que se hurgue en su pasado. Cuanto mayor sea su
responsabilidad, más interés suscitará conocer todo lo que le concierne. ¿Con
qué fin? Utilizarlo, si es preciso, para obtener un beneficio político, económico
o de otra índole. Es uno de los gajes de su oficio para el que deberían estar
preparados
En aras a la
regeneración política Ciudadanos exige al PP apartar a imputados por corrupción,
es decir, basta la simple sospecha de un juez, aunque sea razonada, para
considerar a una persona indigna para ejercer un cargo político. Presunción de
culpabilidad mientras no se demuestre lo contrario.
Sin dudar de la
buena intención de Ciudadanos y de lo bien que suena su populista propuesta, pienso
que no han medido suficientemente sus consecuencias. Pone bajo sospecha a toda
la clase política, aunque se dirija a los miembros del PP. El uso de dossiers hábilmente manejados
puede acabar con cualquier carrera política. Convierte a los jueces en actores
políticos.
Necesitamos que
los cargos públicos estén centrados en su tarea y la ejerzan con competencia. Si
han de estar más preocupados de que su actuación no pueda generar la más
leve sombra de duda, difícilmente lo podrán hacer.
Quizá estoy
demasiado influenciado por Borgen.

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