Todos los árbitros merecen
respeto
Tuvo gran repercusión mediática la detención de los padres de dos jugadores alevines de un club de fútbol zaragozano por insultar y amenazar al árbitro de raza negra que dirigía el encuentro en el que participaban sus hijos. El club ha decidido expulsar a estos chicos del equipo y los padres pueden ser multados por el Ayuntamiento de Zaragoza por su comportamiento, entre 1.000 y 3.000 euros. (1)
Por desgracia, escuchar insultos en un campo de futbol es demasiado frecuente. Hay quien acude al recinto con predisposición a proferirlos y le cuesta poco encontrar un motivo para escupirlos. Quizá su conducta difiera en otros ámbitos, pero en ese espacio dan rienda suelta a sus pasiones, sintiéndose cómodos, respaldados y hasta con cierto aire de impunidad.
Puede ser que el comportamiento de los padres mencionados se tratase de un hecho aislado y sólo les animase el aspecto racial, pero lo más probable es que también hubieran insultado a otro árbitro en las mismas circunstancias, aunque utilizaran otras palabras. ¿Se hubiera actuado entonces con la misma contundencia? Si no fuera así cabe preguntarse sobre lo que se quiere sancionar y en qué grado: el ensañamiento; las características personales del agredido; los calificativos utilizados; la alarma social, el revuelo mediático ocasionado… Leo en un titular de prensa: “Un insulto racista en el fútbol no es solo un insulto, es delito de odio” (2) y pienso en cómo cabría calificar los otros insultos. ¿Son acaso menos graves o más excusables, aunque persigan lo mismo? La equidad es una de las notas que define la justicia. En personas de un mismo colectivo, en este caso el arbitral, la protección a unos no debe suponer el desamparo de los otros; todos los árbitros merecen el mismo respeto.
Para erradicar las conductas violentas o vejatorias en el fútbol son fundamentales las federaciones, actuando sobre los equipos conflictivos; y los clubes, cortando de raíz cualquier comportamiento denigrante de sus miembros y seguidores.
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| Una instantánea del partido ¿Pudo influir en los hechos el el resultado que refleja el marcador? (3) |
Puede ser que el comportamiento de los padres mencionados se tratase de un hecho aislado y sólo les animase el aspecto racial, pero lo más probable es que también hubieran insultado a otro árbitro en las mismas circunstancias, aunque utilizaran otras palabras. ¿Se hubiera actuado entonces con la misma contundencia? Si no fuera así cabe preguntarse sobre lo que se quiere sancionar y en qué grado: el ensañamiento; las características personales del agredido; los calificativos utilizados; la alarma social, el revuelo mediático ocasionado… Leo en un titular de prensa: “Un insulto racista en el fútbol no es solo un insulto, es delito de odio” (2) y pienso en cómo cabría calificar los otros insultos. ¿Son acaso menos graves o más excusables, aunque persigan lo mismo? La equidad es una de las notas que define la justicia. En personas de un mismo colectivo, en este caso el arbitral, la protección a unos no debe suponer el desamparo de los otros; todos los árbitros merecen el mismo respeto.
Para erradicar las conductas violentas o vejatorias en el fútbol son fundamentales las federaciones, actuando sobre los equipos conflictivos; y los clubes, cortando de raíz cualquier comportamiento denigrante de sus miembros y seguidores.
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