Huir de los estereotipos
Me comentaba una mujer
muy apreciada que está pasando por un momento delicado de salud, que no sabía cómo se lo hacía su madre para
criar a siete hijos manteniendo el temple: ‘No recuerdo haberla visto nunca alterada ni con los hijos ni con los nietos’, a pesar de los problemas que le generaba
su marido. Recordaba que su madre le había regañado por mostrarse inquieta al
saber que estaba embarazada de su tercer hijo: ‘¿Cómo dices eso? ¡Si es un
regalo!’. Hoy esta mujer está más preocupada por el trastorno que puede
ocasionar la enfermedad a sus hijos y hermanos que por sí misma.
En otro
momento del diálogo expresaba su incomprensión ante algunas actitudes maternales, como la protagonizada por una pariente próxima que al poco de dar a luz a su
segundo hijo, le manifestó a su madre que ella tenía que vivir su vida y
‘necesitaba’ ir al gimnasio regularmente, conminándole a que los días que iba
ir a hacer deporte se desplazase a su casa para atender a sus nietos durante tres horas;
hurtándole a su madre –que trabaja ocho horas diarias- lo que reclama para sí. Consciente o inconscientemente, esta chica considera que su madre no tiene derecho a ‘vivir su
vida’.
Pocos días después de esta
conversación vi la película japonesa Nadie
sabe, dirigida por Hirokazu Kore-eda; (1) una historia estremecedora basada
en hechos reales. Cuenta las vicisitudes por las que pasan cuatro hermanos de
distinto padre, que viven enclaustrados en un piso de Tokio para evitar que
les desalojen. Todos sin escolarizar y tres de ellos ni siquiera están
registrados. La madre le comenta al mayor que está enamorada y que tiene
derecho a ser feliz y, para evitar que la rechace su nuevo amante, abandona a
los chicos, dejando una nota y un poco de dinero. A pesar de la unión que
existe entre los pequeños, la situación se va deteriorando con el paso del
tiempo y tras un suceso trágico la película finaliza dejándote con la congoja de la
incertidumbre: ‘¿qué va a pasar con estos niños?’ (2)
Otros dos ejemplos
contrapuestos de vivir la maternidad presenta Milena Busquets en También esto pasará, que es una generalización, aunque retrate lo que bulle en determinados entornos: “Somos,
creo, la última generación que tuvo que ganarse, a pulso, el interés o la
atención de sus padres… No consideraban que los niños fuesen una maravilla,
sino un engorro, unos pesados a medio hacer… Se nos exigía el mismo nivel que a
los adultos, o al menos que no molestásemos y dejásemos hablar a los mayores… A
veces me pregunto qué ocurrirá cuando esta nueva generación de niños cuyas
madres consideran la maternidad una religión…, mujeres cuyo único interés y
preocupación y razón de ser son los niños, que educan a sus hijos como si
fuesen a reinar sobre un imperio, que inundan las redes sociales de fotos de
sus retoños…” (2)
Diversas maneras de
afrontar la maternidad de las que sólo se ha expuesto una pequeña muestra y que
corroboran lo que debería parecer obvio, que no hay un sentimiento ni un
comportamiento unívoco en las mujeres ante esta realidad, entre otras cosas porque
intervienen factores externos -culturales, familiares, laborales, ambientales…-
e internos -carácter, personalidad, salud…- que difieren en cada caso. Sin embargo, la variedad de
conductas sí que puede ayudar a valorar adecuadamente, y en mi caso agradecer,
lo que a cada uno le afecta más directamente, que yo veo reflejado en mi
esposa, mi madre y mi suegra, cada una a su manera.
(1) Nadie sabe (Dare
mo shiranai - Nobody Knows). Año: 2004. Duración: 141 min. País: Japón. Director:
Hirokazu Kore-eda.
(3) Milena Busquets: También
esto pasará (2014). Editorial Anagrama.
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