dijous, 20 d’abril del 2017

Equiparaciones vergonzosas

El tema merece mayor rigor

En la entrevista que Núria Navarro le hace a Ramón Andrés (1) con motivo de la publicación del libro ‘Historia del suicidio en Occidente’ me sorprendieron las referencias que hace el autor sobre Jesús.

Ramón Andrés
Lo equipara a un suicida: “…en la Biblia hay un montón de suicidios… Saúl se echó sobre su propia espada, Judas se ahorcó, el mismo Jesús optó por su muerte”. Una actitud que incita a otros suicidios: “Kierkegaard lamentó que Jesús no tuviera otro final. Un final que nos embadurna, porque el Modelo es una muerte voluntaria. Inconscientemente, eso ha dejado un poso. El hijo de un padre suicida tiene más probabilidades de quitarse la vida, porque el padre le dio 'permiso'”. Y, como remate, lo asimila al ‘yihadista que se inmola’ cuando, haciendo referencia a Émile Durkheim, lo incluye en el concepto “‘suicidio altruista’ (“yo muero para que tú puedas seguir viviendo”). El yihadista –aparte de la promesa de 72 vírgenes– entra en esta categoría. También Jesús.

¿Confusión sobre la misión de Jesús?, ¿sobre lo que supone dar la vida o quitársela?, ¿sobre morir para dar vida o matarse asesinando indiscriminadamente?

Desde el punto de vista estrictamente civil Jesús fue ajusticiado tras ser condenado a muerte. Una muerte incomprendida por muchos como refiere San Pablo: “predicamos a Cristo crucificado, escándalo para los judíos, necedad para los gentiles” (2). Desde el punto de vista religioso el episodio que se ha rememorado hace unos días no acaba con la muerte (viernes) sino con la resurrección (domingo): “si Cristo no ha resucitado, inútil es nuestra predicación, inútil es también vuestra fe” (3), dice el mismo apóstol. En ambos casos se aparta de lo que se entiende comúnmente por suicidio.

No pretendo cuestionar un ensayo que no conozco, sino hacer hincapié en unas afirmaciones desprovistas del rigor que merece un tema tan delicado como el suicidio. Hay interpretaciones que no se sostienen y equiparaciones que resultan vergonzosas.

(2) Carta 1ª Coríntios 1, 23
(3) Carta 1ª Coríntios 15, 14

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