divendres, 7 d’abril del 2017

Lo peor es creérselo

Demostraciones de orgullo patrio

Un conocido refrán dice ‘dime de lo que presumes y te diré de lo que careces’, una frase que convendría repetirse con frecuencia cuando asome la tentación de sacar pecho, cualquiera que sea el motivo. Basta un golpecito afectuoso en la espalda o un ‘qué bien lo haces’ para que la autoestima se pase de frenada y se adentre en el terreno de la vanagloria. Se lo advertía Pablo de Tarso a los Corintios: “¿Quién te enaltece? ¿Qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías, como si no lo hubieras recibido?”. (1)

Pero esa gloria vana a veces se refugia en un malentendido orgullo patrio, como escenificaban recientemente algunos actores en una parodia emitida en Euskal Telebista en la que se menospreciaba a los españoles que no son vascos. ‘Es un programa de humor’, se excusaban, dando a entender –como otros muchos- que el humor todo lo disculpa -tanto da si es burla, mofa, sarcasmo…-, confundiendo caricaturización con ridiculización. Sin embargo, algunos temieron por sus consecuencias, porque una de las actrices participaba también en una película que estaba a punto de estrenarse. (2)

Es un recurso muy pobre querer alzarse sobre los escombros que se vierten sobre los demás; además de injusto es poco inteligente. Ninguna sociedad es perfecta, entre otras cosas porque se nutre de hombres y mujeres imperfectos. Además, cada vez que alguien pretende construir ‘la sociedad perfecta’ el resultado es mucha sangre, mucho dolor y mucha penuria; basta con echar un vistazo a la historia para darse cuenta –quizá por eso hay quien tiene tanto interés en falsearla-. De la misma manera, ninguna sociedad es mejor ‘en todo’ a otra; basta acercarse con respeto a cualquiera de las ajenas analizándola en profundidad para descubrir en ella aspectos positivos que se encuentran a faltar en la propia; pero, aunque no se perciban, el simple contraste contribuye a valorar aquello que se tiene.

Puede sustentarse un complejo de superioridad en situaciones dadas -lugar de nacimiento, familia, época…- despreciando a aquellos que no las comparten, pero este complejo se asienta en un pedestal inconsistente, como describe Alfred Adler, su descubridor: “es un mecanismo inconsciente, neurológico, en el cual el individuo trata de compensar sus sentimientos de inferioridad, resaltando aquellas cualidades en las que sobresale”. (3) Una presunción que puede llevar a actitudes ridículas, como la que expresa el poeta italiano Trilussa en unos versos:

Carlo Alberto Salustri 'Trilussa'
La babosa de la Vanagloria
que se arrastraba sobre un obelisco,
miró la baba y dijo: ahora sé
que dejaré mi impronta en la historia. (4)

Conviene actuar con sensatez cuando se quiere mostrar reconocimiento hacia lo propio evitando fundamentarlo en el desprecio de lo ajeno. Se puede hacer de muchas maneras, pero las más asequibles son mostrar gratitud por tantas cosas recibidas sin merecerlas y poner empeño en colaborar para hacer más amable y respetuoso el entorno en que uno se mueve. Lo dice otro refrán: ‘es de bien nacidos ser agradecidos’.

(4) Citado en la carta a Marc Twain de Ilustrísimos señores, obra del cardenal Albino Luciani –luego papa Juan Pablo I-.
Texto en italiano:
La lumachella de la Vanagloria
ch'era strisciata sopra un obelisco,
guardò la bava e disse: Già capisco
che lascerò un'impronta ne la Storia.

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