Demostraciones de orgullo
patrio
Un conocido refrán
dice ‘dime de lo que presumes y te diré de lo que careces’, una frase que
convendría repetirse con frecuencia cuando asome la tentación de sacar pecho,
cualquiera que sea el motivo. Basta un golpecito afectuoso en la espalda o un
‘qué bien lo haces’ para que la autoestima se pase de frenada y se adentre en
el terreno de la vanagloria. Se lo advertía Pablo de Tarso a los Corintios: “¿Quién
te enaltece? ¿Qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te
glorías, como si no lo hubieras recibido?”. (1)
Pero esa gloria vana a
veces se refugia en un malentendido orgullo patrio, como escenificaban recientemente
algunos actores en una parodia emitida en Euskal Telebista en la que se menospreciaba
a los españoles que no son vascos. ‘Es un programa de humor’, se excusaban,
dando a entender –como otros muchos- que el humor todo lo disculpa -tanto da si
es burla, mofa, sarcasmo…-, confundiendo caricaturización con ridiculización. Sin embargo, algunos temieron por sus consecuencias, porque una de las actrices participaba
también en una película que estaba a punto de estrenarse. (2)
Es un recurso muy
pobre querer alzarse sobre los escombros que se vierten sobre los demás; además
de injusto es poco inteligente. Ninguna sociedad es perfecta, entre otras cosas
porque se nutre de hombres y mujeres imperfectos. Además, cada vez que alguien
pretende construir ‘la sociedad perfecta’ el resultado es mucha sangre, mucho
dolor y mucha penuria; basta con echar un vistazo a la historia para darse
cuenta –quizá por eso hay quien tiene tanto interés en falsearla-. De la misma
manera, ninguna sociedad es mejor ‘en todo’ a otra; basta acercarse con respeto
a cualquiera de las ajenas analizándola en profundidad para descubrir en ella aspectos
positivos que se encuentran a faltar en la propia; pero, aunque no se perciban,
el simple contraste contribuye a valorar aquello que se tiene.
Puede sustentarse un
complejo de superioridad en situaciones dadas
-lugar de nacimiento, familia, época…- despreciando a aquellos que no las
comparten, pero este complejo se asienta en un pedestal
inconsistente, como describe Alfred Adler, su descubridor: “es un mecanismo
inconsciente, neurológico, en el cual el individuo trata de compensar sus
sentimientos de inferioridad, resaltando aquellas cualidades en las que
sobresale”. (3) Una presunción que puede llevar a actitudes ridículas, como la
que expresa el poeta italiano Trilussa en unos versos:![]() |
| Carlo Alberto Salustri 'Trilussa' |
La babosa de la Vanagloria
que se arrastraba sobre un
obelisco,
miró la baba y dijo: ahora sé
que dejaré mi impronta en la
historia. (4)
Conviene actuar con
sensatez cuando se quiere mostrar reconocimiento hacia lo propio evitando fundamentarlo en el desprecio de lo ajeno. Se puede hacer de muchas maneras, pero
las más asequibles son mostrar gratitud por tantas cosas recibidas sin
merecerlas y poner empeño en colaborar para hacer más amable y respetuoso el
entorno en que uno se mueve. Lo dice otro refrán: ‘es de bien nacidos
ser agradecidos’.
(1) 1ª Carta a Corintios 4, 7 (https://www.bibliatodo.com/la-biblia/La-sagrada-biblia-edicion-eunsa/1corintios-4)
(4) Citado en la carta
a Marc Twain de Ilustrísimos señores,
obra del cardenal Albino Luciani –luego papa Juan Pablo I-.
Texto en italiano:
La lumachella de la
Vanagloria
ch'era strisciata
sopra un obelisco,
guardò la bava e disse:
Già capisco
che lascerò
un'impronta ne la Storia.


Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada