En la hora del adiós
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| María Parrado y su padre |
Estaba cantando una de mis hijas una canción de María Parrado y al
acabar le comenté que había leído en una revista que se había muerto el padre
de esta chica con 45 años. Tras interesarse por el motivo, la reacción de mi
hija fue muy prosaica: '¡Tú no te mueras!, si no ¿quién me va llevar al parque?'.
Al menos a uno le queda el consuelo de que es útil para algo, aunque la longevidad
no dependa de ello.
Hay muertes que al conocerlas nos recuerdan lo vulnerables que somos;
la esperanza de vida sólo es un dato estadístico que no certifica hasta cuándo
vamos a vivir. ¿Por qué se lleva a un padre de una familia supernumerosa con
hijos en edad escolar, a unos jóvenes y un niño que luchan contra el cáncer, a
una periodista veterana, a una consejera autonómica o, aunque sea más
previsible, a un vecino nonagenario? ¿Qué tienen estas personas en común para
que la vida se les haya esfumado en un plis plás? Una respuesta prosaica sería: 'haber nacido'.
En esta misma tesitura se incluye la de Carmen Chacón. Cuando supe de
las circunstancias de su fallecimiento pensé en su soledad en ese momento.
Leyendo, además, su último mensaje en Instagram parece que ha sido víctima de
una broma pesada: “Volando sobre el Océano rumbo Madrid; ganas de casa; ganas
de mar. Y muuuuchas ganas de Miquelete”.
Desconocía que estaba divorciada y su enfermedad: “Tengo 35
pulsaciones por minuto, el corazón al revés, un bloqueo auricular y ventricular
completo. Desde muy niña me advirtieron que debería llevar un marcapasos y una
vida muy tranquila”. (1) Su forma de afrontar la vida no auguraba esta
fragilidad, ya que no la utilizaba como pretexto para reclamar un mejor trato,
o excusarse, o eludir responsabilidades. Más bien al contrario, asumía retos
con compromiso y lealtad, aun a riesgo de ser utilizada por algunos para
aprovecharse en su propio beneficio.
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| Carmen Chacón |
Hay personas a las que la enfermedad les atenaza. Sin embargo, para
otras es un estímulo adicional para aprovechar al máximo cada nueva jornada: “Para
mí la vida es un privilegio. Tengo una cardiopatía congénita y eso me hace
pensar que todos los días son un regalo” (1), decía Chacón; los dos jóvenes y
el niño concienciaron a la población de su enfermedad a través de las redes
sociales o por su afición.
Aun discrepando de muchas de las ideas y posiciones que defendía
Chacón, pienso que su actitud para sobreponerse a las trabas que se encontró en
la vida es digna de elogio. Deseo que, aunque la pillara ‘sola en casa’, no se
sintiese sola al atravesar el umbral; y para todos los mencionados que tuvieran
la madurez interior para dar el salto en las mejores condiciones, aunque reconozca
que soy incapaz de comprenderlo plenamente. Descansen en paz.
P.D. En todos los casos referidos se trata de muertes por causas
naturales. Para las que son debidas a otros motivos la reflexión habría sido algo diferente.
(1)


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