dimarts, 14 de març del 2017

Mal de altura

Gajes del oficio

Ir de excursión con mi amigo Felip suponía tener la posibilidad de recibir pequeñas dosis de conocimientos de biología: ‘esto es un triturus, el agua debe estar limpia’, dijo en una ocasión mientras pasábamos al lado de una charca; ‘mirad, esto es un resto fósil’, nos advertía en otra ocasión señalando unas rocas al margen de un sendero… No pretendía darnos lecciones, sino hacernos partícipes de lo que le llamaba la atención del paisaje que recorríamos.

La profesión que se ejerce activa algún radar interior que influye en la percepción que se tiene de la realidad. Por eso, al oír conocer las decisiones que toman en ocasiones los políticos me pregunto cómo les afecta su actividad. Da la impresión muchas veces que les introduce en un mundo virtual que se va alejando paulatinamente de la cotidianidad que viven la mayoría de los ciudadanos, una situación que se agrava a medida que van escalando peldaños.

Hemingway escribió que “El poder afecta de una manera cierta y definida a todos los que lo ejercen”, un afirmación que corroboró el estudio que hizo el político y neurólogo británico David Owen al introducir el concepto ‘síndrome de hubris’ *, un trastorno común entre los gobernantes que llevan tiempo en el poder, entre cuyos síntomas se encuentran una exagerada confianza en sí mismos, desprecio por los consejos de quienes les rodean y alejamiento progresivo de la realidad. Owen lo achaca a "Las presiones y la responsabilidad que conlleva el poder termina afectando a la mente".

Siguiendo las explicaciones del psiquiatra Manuel Franco, la periodista Isabel Fernández Lantigua describe cómo se desarrolla este proceso degenerativo (1):

Isabel F. Lantigua
1. "Una persona más o menos normal se mete en política y de repente alcanza el poder o un cargo importante. Internamente tiene un principio de duda sobre si realmente tiene capacidad para ello. Pero pronto surge la legión de incondicionales que le felicitan y reconocen su valía. Poco a poco, la primera duda sobre su capacidad se transforma y empieza a pensar que está ahí por méritos propios”.

2. Pronto se da un paso más "en el que ya no se le dice lo que hace bien, sino que menos mal que estaba allí para solucionarlo y es entonces cuando se entra en la ideación megalomaniaca, cuyos síntomas son la infalibilidad y el creerse insustituible".

3. Tras un tiempo en el poder, los afectados por el 'Hubris' padecen lo que psicopatológicamente se llama 'desarrollo paranoide'. "Todo el que se opone a él o a sus ideas son enemigos personales, que responden a envidias. Puede llegar incluso a la 'paranoia o trastorno delirante', que consiste en sospechar de todo el mundo que le haga una mínima crítica y a, progresivamente, aislarse más de la sociedad. Y, así, hasta el cese o pérdida de las elecciones, donde viene el batacazo y se desarrolla un cuadro depresivo ante una situación que no comprende".
Manuel Ángel Franco

¿Por qué el síndrome se da con mayor facilidad entre los políticos? El psiquiatra comenta:"En otros ámbitos es más frecuente que el que esté arriba sea el más capaz, pero en política no es así, porque los ascensos van más ligados a fidelidades. El poder no está en manos del más capaz, pero quien lo ostenta cree que sí y empieza a comportarse de forma narcisista".

En un comentario del Evangelio el sacerdote Josep Vall hace mención a una de las condiciones que serían aconsejables en quien ha de ejercer un cargo de responsabilidad: “Los antiguos afirmaban el nolentes quaerimus (siempre es menester elegir a los que rehúsan los empleos) —«buscamos para los cargos de gobierno a quienes no los ambicionan; a quienes no desean figurar»— cuando había que hacer nombramientos jerárquicos.” (2) El corolario podría ser que ‘el mejor gobernante es aquel que estando capacitado para ejercer un cargo no pretende ocuparlo’. En la política es difícil que sea posible porque lo habitual es que los candidatos deban postularse previamente; pero les vendría bien recordar aquella escena de Quo Vadis en el que paseando Marco Aurelio triunfador por Roma aclamado por la multitud oía constantemente la voz de un sirviente que a su lado le repetía: ‘Recuerda que sólo eres un hombre’. (3)



En el siglo II a. C. el general tenía que haber sido aclamado imperator por sus tropas para poder solicitar el triunfo al Senado, que era la institución que podía concederlo. El espectáculo consistía en un desfile militar que recorría un itinerario previsto que comenzaba en el Campo de Marte. Para entrar en la ciudad pasaba por una puerta especial de las murallas llamada Porta Triumphalis; de allí al Velabrum, Foro Boarium y Circo Máximo, desde donde se dirigía al monte Capitolino a través de la Vía Sacra del Foro Romano, haciendo el triumphator el recorrido completo en una cuadriga acompañado por un esclavo, que sostiendo los laureles de la victoria sobre su cabeza le recordaba constantemente la fórmula: Respice post te, hominem te esse memento («Mira atrás y recuerda que sólo eres un hombre»). El cortejo se detenía al pie de la escalinata del templo de Júpiter Optimus Maximus. El general iba acompañado de sus lictores y con ellos entraba en dicho templo para ofrecer al dios sus laureles de victoria. A continuación se celebraba una gran fiesta costeada por el protagonista que solía ser bastante generoso, en la que participaba todo el pueblo.






14 características Hubris
1- Propensión narcisista a ver su mundo principalmente como un escenario donde ejercitar su poder y buscar la gloria.
2- Predisposición para lanzar acciones que puedan dar a la sociedad una luz favorable, con el fin de embellecer su imagen.
3- Preocupación desmedida por la imagen y la presentación.
4- Modo mesiánico de comentar los asuntos corrientes y una tendencia a la exaltación.
5- Identificación con la nación o una organización hasta el extremo de que el individuo valora su punto de vista y sus intereses como idénticos.
6- Tendencia a hablar de sí mismos en tercera persona o a usar la forma regia de “nosotros”.
7- Excesiva confianza en su propio juicio y desprecio por los consejos o las críticas de los demás.
8- Enfoque personal exagerado, tendente a la omnipotencia, de lo que son capaces de llevar a cabo.
9- Creencia en que antes de rendir cuentas al conjunto de sus colegas o a la opinión pública, la Corte ante la cual deben responder es: la Historia o Dios.
10- Idea inquebrantable de que aquella Corte les absolverá.
11- Pérdida de contacto con la realidad, a menudo vinculada a un aislamiento paulatino.
12- Agitación, imprudencia e impulsividad.
13- Tendencia a privilegiar su amplia visión en detrimento de la entereza moral de un derrotero señalado, de modo a pasar por alto la necesidad de contemplar las posibilidades prácticas, los costos y los resultados.
14- Incompetencia hubrística cuando las cosas van mal porque demasiada confianza en sí mismo condujo al líder a desatender los peligros y las trampas generados por su propia política.

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