dissabte, 26 de desembre del 2015

Mensajes y mandatos etéreos

El manido recurso al eufemismo

Durante el tiempo en que trabajé en una Caja de Ahorros había jefes que justificaban algunos criterios de actuación, que no formaban parte de la normativa de la entidad, con la formulación ‘la Caja quiere, o prefiere, o recomienda…’ y sus antónimos. Una manera de mostrar mi desacuerdo con alguna de esos criterios era comentar que no era la Caja quien los establecía sino este o aquel director o, como mucho, el comité de dirección; porque la apelación a un ente superior y difuso no podía eludir la responsabilidad concreta de quien había tomado la decisión.

Cuando los ciudadanos ejercen su derecho al voto en unas elecciones políticas sólo se les permite incluir la papeleta de una de las candidaturas o no poner ninguna, voto en blanco, en el sobre que depositan en la urna; no se les pide que incluyan las motivaciones de su voto y si las pusieran el voto sería nulo. Por eso, cuando los políticos hablan del mandato de las urnas o el mensaje que éstas transmiten, pretenden hacer creer que no tienen más remedio que actuar de una manera determinada, enmascarando los motivos reales de sus decisiones: ambiciones personales o colectivas, animadversiones, estrategias, tácticas…

Una vez conocido el escrutinio, las reglas establecidas para cada elección determinan los diputados y senadores que han resultado electos. A partir del momento en que cada uno de ellos recoge su acta y toma posesión del cargo, todas las decisiones que tome en función de las atribuciones que le corresponden serán de su exclusiva responsabilidad, independientemente de las motivaciones que le impulsen a pronunciarse en un determinado sentido. No cabe recurrir a supuestos a mandatos o mensajes etéreos para justificar su actitud.

El recurso al eufemismo está muy arraigado en el discurso político, y es una anomalía que convendría corregir en pro de una deseable y beneficiosa transparencia.Hablando claro es más fácil entenderse.



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