dimecres, 13 d’abril del 2016

Ciega ambición

Rompecabezas irresoluble

Palacio de la Moncloa
Si algo ha quedado claro tras las elecciones generales es que Pedro Sánchez pretende ser presidente del gobierno. Respetable. Lo que puede ser cuestionable son los medios utilizados para conseguirlo. Parte de una situación precaria como consecuencia de los resultados obtenidos y por los condicionamientos de su propio partido. Ha de librar dos batallas, una interna y otra externa, que le llevan a un callejón sin salida. El pacto con Ciudadanos le permitió acudir al debate de investidura con un acuerdo refrendado por las bases, tal como se había comprometido. Pero, como se ha podido comprobar, no sólo es insuficiente sino que, además, le cierra la puerta a otras posibilidades. Si quiere gobernar sólo lo puede hacer pactando con Podemos, pero eso supone plegarse a las pretensiones del grupo liderado por Pablo Iglesias, que contiene medidas difíciles de asumir por su propio partido.

La estrategia seguida por Sánchez ha sido errática, mostrando una ambición desmedida que le ha ocasionado ceguera y vulnerabilidad para afrontar la negociación con posibilidades de éxito. Sus carencias han quedado al descubierto para manejar una situación tan compleja, que obligaba a actuar con especial tiento para aunar voluntades. Pienso que, hasta ahora, no ha sido consciente de la fuerza real con que cuenta, la actitud de Podemos le ha desconcertado y ha constatado que no basta con el deseo de echar a Rajoy y al PP de la Moncloa. Lo ha intentado, sí, pero hasta ahora dando puntadas sin hilo.


A Sánchez su partido le ha dejado en una tesitura prácticamente imposible para llegar a ser presidente en esta legislatura. Cualquier acuerdo al que pueda llegar antes de la convocatoria de nuevas elecciones le deja en mala posición, de la que sólo sería posible salir gobernando con la habilidad y sensatez que hasta ahora no ha demostrado.


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