dimarts, 26 d’abril del 2016

Justicia instrumentalizada (1)

Dime de lo que presumes…

Raoul Follereau
El primer problema del Sindicato Manos Limpias es aquello de lo que presume con su nombre.  Que me registren, dicen algunos para mostrarse impolutos, pero lo que se detecta es inacción, vaciedad, como expresa el sueño de Raoul Follereau. (1) Una vaciedad que atormenta a la hermana del sacerdote Balarrasa antes de morir. (2) Hay otra manera de limpiarse las manos: que el marrón se lo coma otro, es decir, desentenderse de los asuntos que a uno le competen al estilo Poncio Pilatos.

La actuación de los dirigentes del sindicato mencionado no iba por estos derroteros. Se había especializado en ejercer la acción popular para presentar las más variopintas querellas, ganándose un alto grado de animadversión en ámbitos políticos, sociales y mediáticos en función de las causas en las que se personaba, donde se le trataba de ultramontano.

No pienso que tanto Manos Limpias como Ausbanc nacieran con el propósito de delinquir, pero hubo un momento en que sus dirigentes fueron conscientes del poder que les otorgaba la experiencia procesal y la información que manejaban y decidieron aprovecharse de la debilidad de aquellos que temían ver manchada su imagen pública. Como cantaba Encarnita Polo en la Balada de Bonnie y ClydeLo malo fue que su primera infracción saliera bien resultando que  su crimen sin castigo quedó”. (3) A partir de ahí supongo que se irían envalentonado con los éxitos de su plan hasta que se encontraron con poderosas víctimas que resistieron el embate y contraatacaron.

A la justicia se la representa con una balanza. Su objeto debería ser reparar el daño causado, retornar al equilibrio en la medida que sea posible. Pero hay quien se sirve de la justicia instrumentalizándola con otros propósitos: económicos, políticos, ideológicos… Con el ánimo de un sustancioso lucro los encausados en este proceso pervirtieron el objeto que perseguían sus sociedades y con su actuación han puesto en entredicho su crédito.

(1) Raoul Follereau, el gran padrino de los leprosos, que consagró toda su vida, talento y dinero a erradicar la lepra, cuenta: "Tuve un sueño. Muerto, me presento ante Dios y le digo todo ufano: 'Mira, mira mis manos limpias'... Dios me mira con infinita compasión y me dice en tono de reproche paternal, pero enérgico: 'Sí, hijo mío, manos limpias, muy limpias... pero vacías'." (blogs.periodistadigital.com/juan-jauregui.php/2013/02/27/se-nos-ha-encomendado-una-mision)
(2) Durante varios lustros, allá por los años cincuenta y sesenta, se proyectaba en las salas de cine parroquial la película "Balarrasa". Los sacerdotes explotaban (y con éxito espiritual) la secuencia del accidente de la muchacha. Cuando ella estaba a punto de morir, mirando sus manos decía: "Las tengo vacías, vacías." (www.autorescatolicos.org/misc08/josemariadebilidadmanosvaciasomanosllenas.htm)




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