Equilibrar la balanza
Coincidiendo en
el tiempo, sin ser su consecuencia, con la noticia de la detención de los
máximos dirigentes del sindicato Manos Limpias y Ausbanc, leía el relato de un
sueño de Raoul Follereau (1) -cuya actividad benefactora le había permitido
contemplar muchas manos maltrechas por la lepra- donde se presentaba al juicio
eterno alardeando de tener las manos limpias, obteniendo como respuesta la
reconvención de que estaban vacías. El mismo vacío que atormentaba a la hermana
del sacerdote Balarrasa en la impactante
escena de la película dirigida por Nieves Conde. (2)
Manos limpias
puede ser una pretensión, pero nunca una presunción, porque como dice la
expresión latina errare humanum est,
quien actúa tiene el riesgo de equivocarse. Pero los errores propios de la
impericia se pueden corregir y bien asimilados van conformando el poso de la
experiencia, que tanto ayuda a resolver problemas complejos.
Lavarse las
manos es recuperar la limpieza perdida, pero también puede ser desentenderse de
los asuntos que a uno le competen al estilo Poncio Pilatos, o convertirse en
una obsesión como en Howard Hugues, según narra la película El Aviador dirigida por Martin Scorsese.
En el caso que
afecta a la cúpula de Manos Limpias y Ausbanc convergen la paradoja del que no
hace honor al nombre y la del cazador cazado. Tener información confiere poder
y querer sacar provecho ilícito de ella tarde o temprano acaba pasando factura.
Pero como canta Encarna Polo en la Balada
de Bonnie y Clyde “Lo malo fue que su primera infracción saliera
bien” (3) y estimulase a cometer
nuevos delitos, bajo el amparo de unas sociedades que aparentaban velar para
hacer justicia.
Es propio de la justicia perseguir la equidad para reparar en lo posible un daño causado o corregir un desequilibrio social. Al margen de este objetivo fácilmente se convierte en instrumento para servir a otros intereses: políticos, económicos, ideológicos, escarnecedores… Sólo en el primer caso es beneficiosa para la convivencia.
(1) Raoul Follereau, el gran padrino de
los leprosos, que consagró toda su vida, talento y dinero a erradicar la lepra,
cuenta: "Tuve un sueño.
Muerto, me presento ante Dios y le digo todo ufano: 'Mira, mira mis manos
limpias'... Dios me mira con infinita compasión y me dice en tono de reproche
paternal, pero enérgico: 'Sí, hijo mío, manos limpias, muy limpias... pero
vacías'." (blogs.periodistadigital.com/juan-jauregui.php/2013/02/27/se-nos-ha-encomendado-una-mision)
(2) Durante
varios lustros, allá por los años cincuenta y sesenta, se proyectaba en las
salas de cine parroquial la película "Balarrasa". Los sacerdotes
explotaban (y con éxito espiritual) la secuencia del accidente de la muchacha.
Cuando ella estaba a punto de morir, mirando sus manos decía: "Las tengo vacías, vacías." (www.autorescatolicos.org/misc08/josemariadebilidadmanosvaciasomanosllenas.htm)
(3) www.coveralia.com/letras/balada-de-bonnie-y-clyde-encarnita-polo.php
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