dissabte, 1 de desembre del 2018

Condicionados por el personaje

Cuando la fama encasilla


Raphael en la entrevista
Le preguntaban en una entrevista al cantante Raphael sobre el cambio en su estilo interpretativo y él consideraba que más bien se trataba de evolución (1). Cambio supone una ruptura con lo anterior, mientras que evolución se identifica con ajuste, reforma, retoque, adecuación a las circunstancias. De alguna manera –más o menos intensa- todos evolucionamos con el paso del tiempo.

Aunque en la mayoría de las ocasiones apenas sea perceptible, en nuestro tránsito vital se producen modificaciones en la forma de pensar y actuar, porque se incorporan conocimientos, experiencias y relaciones que inciden sobre la estructura de nuestra personalidad reafirmándola o poniéndola en duda en sus accedentes o, incluso, en sus cimientos. Son pequeños microtraumatismos emocionales o intelectuales que afectaran tarde o temprano al modo de conducirse y a la toma de decisiones.

Pero lo que experimentamos todos parece que se lo queremos hurtar a los demás, cuando creamos entorno a ellos un estereotipo que se transforma en una foto fija que nos resistimos a modificar: nos resulta extraño, incómodo, incluso molesto, oír algo que disienta del perfil que hemos construido, sobre todo cuando es negativo. Como da a entender el antiguo refrán ‘crea fama y échate a dormir’ (2), nos suele costar mucho cambiar la opinión que tenemos sobre las personas con las que tratamos y también sobre aquellas que destacan socialmente –VIPs, famosos, celebrities…- por la función o cargo que desempeñan o por algún rasgo distintivo que ejerce una atracción multitudinaria.

José Luis García Martín
Estas personas que causan tanta expectación tienen el riesgo de convertirse en personajes cuando al darse cuenta de la atención que generan o de su influencia, se sienten en la obligación de mostrarse permanentemente en público tal como esperan sus seguidores: "Siempre me ha divertido mi mala fama, no sé si enteramente merecida. Pero cada vez me resulta más difícil no defraudar. Se ve que me estoy haciendo viejo" (3), decía un escritor caracterizado por sus comentarios mordaces.

De este escritor decía quien comentaba una de sus obras: “Es una lástima que el tono provocador ahogue sus sugestivas reflexiones sobre la literatura y la vida y sobre la escritura de un diario, género que García Martín domina a la perfección” (3). Y once años más tarde su editor –presentando un libro reciente- decía de él: “Alguien ha afirmado –y si no es así, debiera afirmarlo– que lo que García Martín piensa sobre cualquier tema se puede resumir en que siempre piensa lo contrario”. Y concluye su exposición afirmando que es “un desconocido que sigue siéndolo para sí mismo y para los demás, pero que nos permite entender algo mejor el mundo en que vivimos y conocernos mejor a nosotros, sus afortunados, persistentes y siempre un tanto desasosegados lectores” (4).

El personaje puede ser una armadura protectora de la opinión pública, pero puede acabar ahogando a la persona que la sostiene. El continuo esfuerzo por hacer lo que los fans esperan, para que no decaiga el seguimiento o arropamiento, puede convertirse en una barrera infranqueable para dar salida a sus inquietudes, anhelos o aspiraciones más íntimas o arrastrarle a una conducta errática –desdoblada-.

Hace unos días, tras un espectáculo bochornoso en el Congreso de los diputados, una periodista se lamentaba por observar un comportamiento tan distante de los protagonistas al que ella había experimentado al tratarles personalmente: ’No lo entiendo. Es que no son así’.

Juan Pablo Escobar
Juan Pablo Escobar juró venganza en el instante en que se enteró de la muerte de su padre, el famoso narcotraficante Pablo Escobar. Unas horas más tarde llamó a la emisora de radio que se lo había comunicado para retractarse: no solo no lo iba a hacer, sino que no iba a seguir los pasos de su padre. Amaba a su padre pero detestaba su actividad delictiva. No impidió, sin embargo, que le amenazaran de muerte algunos de los colaboradores de su padre por traicionar su memoria. A pesar de ello su propósito se ha mantenido firme.

Cuando quien ha producido mucho daño, un delincuente, recibe homenajes que pretenden justificar su comportamiento, quizá momentáneamente se siente reconfortado, pero ese apoyo tiene como objetivo mantenerle dentro de la armadura que le empujó a su conducta delictiva, y le impedirá o le pondrá muy difícil desprenderse de ella.

(1) https://www.telecinco.es/micasaeslatuya/temporada-2/casa-Rapahel_2_2298480009.html
(2) https://www.dichosyrefranes.net/50-crea-fama-y-echate-a-dormir.html
Crea fama y échate a dormir es un refrán de origen español, que data del año 1540 y que hace alusión al prestigio de una persona, es decir, que es muy difícil cambiar la opinión que los demás tienen sobre ti cuando por méritos propios has mostrado quien y como eres, ya sea buena o mala persona, es prácticamente la primera impresión que los demás se llevan de ti.
Es muy común escuchar esta frase, el refrán en realidad nos pone a pensar si es bueno tomar decisiones permanentes con emociones temporales, ya que las personas solemos crear un perfil de quien conocemos por primera vez y así evitarnos el pensar como serán en realidad, claro! la expresión puede usarse en forma positiva o negativa, así que de ti depende la imagen que deseas transmitir.
(3) Análisis de libros de diarios de Adolfo Torrecilla en Nuestro Tiempo, números 637-638, julio-agosto 2007.
(4) Prólogo de Abelardo Linares a Nadie lo diría, de José Luis García Martín, 
26 de marzo de 2018. Fuente: https://www.editorialrenacimiento.com/blog/nadie-lo-diria-de-jose-luis-garcia-martin-n149

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