Carta al lector que em va publicar El Periódico de Catalunya el mes de juliol de 2014
El director territorial de una entidad
financiera, reunido con un grupo de directores de oficina, reflexionó en voz
alta: “¿Cuánto tiempo necesitáis para las tareas administrativas? ¿Una hora y
media? Entonces en una oficina de cuatro empleados disponéis de 26 horas y
media para la acción comercial”. No hubo respuesta de los asistentes.
Esta anécdota es un reflejo del peso que para
buena parte de las entidades financieras
tiene el servicio (atención y gestión) -tareas administrativas-, y la
venta de productos (llamadas telefónicas, entrevistas) -acción comercial-.
Un asesor financiero recomendaba a los
espectadores de un informativo de televisión que cuando se dirigieran a una
entidad financiera lo hicieran con la mentalidad del que va a una tienda
teniendo claro que es lo que estaban dispuestos a comprar y en qué condiciones.
La estrategia seguida por muchos bancos está minando la confianza del cliente con su
proveedor financiero. La sospecha sobre lo que me van a querer colocar o el
maltrato que siente en ocasiones cuando se restringen los horarios de atención,
se le aplican comisiones desorbitadas, o se le ‘chantajea’ ante una necesidad
puntual, provocan un deterioro considerable en la relación.
Pienso que en este momento es muy necesaria
una banca popular, no necesariamente de titularidad pública, donde se equilibre
la acción comercial y el servicio. De seguir la tendencia marcada por la
mayoría de las entidades financieras se acabará expulsando del mercado
financiero a muchas personas con pocos
recursos, que no se podrán permitir afrontar los costes que supone de mantener
una cuenta abierta o se verán desatendidas por ser consideradas poco rentables.
Antaño las Cajas de Ahorro cumplían con esta función. ¿Será posible llenar este
vacío?
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