En busca de tonto útil
Cuando Mariano Rajoy decidió
declinar el encargo de someterse a la investidura perdió la iniciativa de
formar gobierno. Era previsible que fuera zarandeado dialécticamente por todas
las fuerzas políticas excepto la suya, pero esa previsibilidad le daba la
opción de armar un discurso dirigido a atacar los argumentos de rechazo de sus
adversarios antes de que se produjeran y plantear las reformas que se podrían
llevar a cabo con un amplio apoyo parlamentario. Además, aunque su candidatura fuera
rechazada, el calendario se estrechaba para que las Cortes eligieran presidente
del gobierno, dejando menos margen de maniobra al siguiente candidato. De
momento el discurso del PP es reactivo ante las negativas y movimientos del
PSOE, sin embargo la proactividad es más atractiva, por ejemplo, exponiendo las
líneas básicas del proyecto que pretende liderar.
El camino seguido por Pedro
Sánchez para ser investido presidente del gobierno tiene muy difícil encaje,
aunque no parece preocuparle mucho. Confía que con su estrategia pueda llegar a
contar con el apoyo suficiente. Es
posible que lo consiga, aunque probablemente no podrá contentar a todos los que
le permitan alcanzar la presidencia del gobierno. La arrogancia que exhibe y
las continuas incoherencias de su discurso hacen temer que una vez conseguido
el objetivo actúe sin sentirse concernido personalmente a cumplir con los
compromisos adquiridos. Anda buscando un tonto útil que colabore con él, bien
sea el PP, aludiendo a la razón de estado, o Ciudadanos para que no impida el
cambio.
El discurso de Ciudadanos
parece el más sensato al hacer referencia a la necesidad de elaborar un proyecto
conjunto antes de decidir quién lo capitanea. Sin embargo hay algo que
considero imprescindible en la actual tesitura: los que lleguen a acuerdos
deberían implicarse al 100% en el proyecto, no basta el apoyo parlamentario, y
parece que Ciudadanos rehúye esta posibilidad.
Es imposible deshacer el
entuerto si no cambian las actitudes.

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