dimecres, 17 de febrer del 2016

Romper con la pasividad

Responsabilidad social

Hacía un día climatológicamente agradable, templado, y una compañera de trabajo exteriorizó el deseo de que todos los días fueran igual. Contrariamente a lo que es habitual en mi, que suelo ser remiso en responder, dije: ‘entonces estaríamos aplatanados’.

Buena parte de los males que aquejan a nuestra sociedad son fruto de actitudes pasivas. Cuando salen a relucir casos de corrupción, abusos y otros delitos que se han ido gestando durante años pienso en la cantidad de silencios cómplices que los han acompañado.

Hace muchos años, todavía vivía Franco, a Julián Marías le preocupaba  “que los españoles se preguntaran «¿qué va a pasar?», cuando lo necesario era preguntarse «¿qué vamos a hacer?»”. Treinta años después persistía esta preocupación: “Gracias a que diez años después empezó a abrirse paso esta interrogante se abrió el horizonte de nuestra vida colectiva y empezaron muchas cosas interesantes, posibilidades que en alguna medida persisten, pero que llevan largo tiempo mitigadas, atenuadas, es una especie de extraña hibernación, que conduce a la «vita minima».”  *

A Marías le preocupaba la relajación que detectaba en el los ciudadanos, la inacción social que permite a los gobernantes y políticos campar por sus fueros sin encontrar apenas resistencia y favoreciendo que los listillos y los iluminados se puedan aprovechar económicamente o imponiendo su credo ideológico.

Susanna Tamaro advierte: “La pasividad es uno de los grandes venenos de estos tiempos. Uno se vuelve pasivo en el momento mismo en que decide no crecer más, en el momento en que se detiene porque piensa que no puede o que no debe ir más allá. Se gira un conmutador y, al girarlo, uno se cierra ante la riqueza que la vida le sigue ofreciendo.” Y sigue: “Pero ¿quién ha dicho que existe, que debe existir un límite? Existe para la estatura física -mi metro setenta lo tendré para siempre-, pero no existe para la vida interior. Nos lo imponemos nosotros con nuestro miedo, con nuestro temor, con nuestras ideas preconcebidas.” **

‘Si no quieres complicarte la vida, la vida acabará complicándote a ti’, es un consejo que le daba mi hermano a un amigo suyo del que tomé buena nota. El Apocalipsis es mucho más duro: “Mensaje a la iglesia de Laodicea: Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Así, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Porque dices: ``Soy rico, me he enriquecido y de nada tengo necesidad…”. ***

Nos conviene ser socialmente responsables para no ir a remolque de las decisiones que otros tomen por nosotros: estar alerta, alzar la voz en el lugar apropiado en lugar de entretenerse en quejas estériles  y poner nuestro granito de arena para mejorar en la medida de nuestras posibilidades la convivencia en nuestro entorno.

* Julián Marías: Qué vamos a hacer - ABC 12/09/96 – Tercera
** Susanna Tamaro: Querida Mathilda, no veo el momento en que el hombre eche a andar - 20 de noviembre. El veneno de la pasividad
***Biblia. Libro del Apocalipsis, 3.15-17




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