Responsabilidad
social
Hacía un día
climatológicamente agradable, templado, y una compañera de trabajo exteriorizó
el deseo de que todos los días fueran igual. Contrariamente a lo que es
habitual en mi, que suelo ser remiso en responder, dije: ‘entonces estaríamos
aplatanados’.
Buena parte de
los males que aquejan a nuestra sociedad son fruto de actitudes pasivas. Cuando
salen a relucir casos de corrupción, abusos y otros delitos que se han ido
gestando durante años pienso en la cantidad de silencios cómplices que los han
acompañado.
Hace muchos años,
todavía vivía Franco, a Julián Marías le preocupaba “que los españoles se preguntaran «¿qué va a
pasar?», cuando lo necesario era preguntarse «¿qué vamos a hacer?»”. Treinta
años después persistía esta preocupación: “Gracias a que diez años después
empezó a abrirse paso esta interrogante se abrió el horizonte de nuestra vida
colectiva y empezaron muchas cosas interesantes, posibilidades que en alguna
medida persisten, pero que llevan largo tiempo mitigadas, atenuadas, es una
especie de extraña hibernación, que conduce a la «vita minima».” *
A Marías le
preocupaba la relajación que detectaba en el los ciudadanos, la inacción social
que permite a los gobernantes y políticos campar por sus fueros sin encontrar
apenas resistencia y favoreciendo que los listillos y los iluminados se puedan aprovechar
económicamente o imponiendo su credo ideológico.
Susanna Tamaro
advierte: “La pasividad es uno de los grandes venenos de estos tiempos. Uno se
vuelve pasivo en el momento mismo en que decide no crecer más, en el momento en
que se detiene porque piensa que no puede o que no debe ir más allá. Se gira un
conmutador y, al girarlo, uno se cierra ante la riqueza que la vida le sigue
ofreciendo.” Y sigue: “Pero ¿quién ha dicho que existe, que debe existir un
límite? Existe para la estatura física -mi metro setenta lo tendré para
siempre-, pero no existe para la vida interior. Nos lo imponemos nosotros con
nuestro miedo, con nuestro temor, con nuestras ideas preconcebidas.” **
‘Si no quieres
complicarte la vida, la vida acabará complicándote a ti’, es un consejo que le daba
mi hermano a un amigo suyo del que tomé buena nota. El Apocalipsis es mucho más
duro: “Mensaje a la iglesia de Laodicea: Yo conozco tus obras, que ni eres frío
ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Así, puesto que eres tibio, y no
frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Porque dices: ``Soy rico, me he
enriquecido y de nada tengo necesidad…”. ***
Nos conviene ser
socialmente responsables para no ir a remolque de las decisiones que otros tomen
por nosotros: estar alerta, alzar la voz en el lugar apropiado en lugar de
entretenerse en quejas estériles y poner
nuestro granito de arena para mejorar en la medida de nuestras posibilidades la
convivencia en nuestro entorno.
* Julián Marías: Qué vamos a hacer - ABC 12/09/96 –
Tercera
** Susanna
Tamaro: Querida Mathilda, no veo el
momento en que el hombre eche a andar - 20 de noviembre. El veneno de la
pasividad
***Biblia. Libro
del Apocalipsis, 3.15-17

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