Cuando
el cuerpo advierte del riesgo
Hace
unos meses le detectaron a G. un tumor cancerígeno y tuvo que someterse a
varias operaciones y al posterior tratamiento para eliminar cualquier vestigio
de células anómalas. Las revisiones muestran una evolución positiva, pero las
secuelas le han dejado débil y se siente como un inválido, porque no puede
llevar el mismo ritmo de trabajo que antes.G. es un empresario de la restauración que ha trabajado intensamente para sacar adelante sus negocios, una dedicación en la que ha implicado también a su familia, que ahora ha de soportar su mal humor, porque el negocio no va como le gustaría y no acaba de asimilar que sus facultades han mermado y no está en condiciones de desarrollar su profesión con la misma intensidad.
Mientras
me lo contaba su hermana recordé varios casos similares. Uno de ellos afectó a
un directivo de la empresa donde yo trabajaba y del que dependía orgánicamente.
Era una persona inquieta e impetuosa que había ido asumiendo responsabilidades
profesionales cada vez mayores. Su trabajo le obligaba a desplazarse a menudo
por toda la geografía española y estar permanentemente conectado. Se le
diagnosticó un cáncer de colon del que fue intervenido y tras unos meses de
recuperación y tratamiento volvió a ocupar el mismo cargo en la empresa con la
exigente dedicación que dicha función precisaba. Al poco tiempo tuvo una
recaída en la enfermedad de la que ya no se repuso.
Conocemos
casos similares en reconocidos profesionales. Pedro Toledo, banquero con
proyección; Francisco Fernández Ordóñez, ministro de asuntos exteriores con
Felipe González; Encarna Sánchez, líder en la comunicación radiofónica; Tito
Vilanova, entrenador del F. C. Barcelona...
Confiemos
en que G. relaje su actitud, perciba las señales que su cuerpo le manda y sepa
adaptar su vida a las nuevas circunstancias, superando la resistencia interior
propia de quien es un gran emprendedor. Su salud y la de sus familiares saldrán
beneficiadas.
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