El arte de desviar la
atención
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| Artur Mas |
A nadie le gusta que le
riñan en público, por eso entiendo el enfado de Artur Mas con el ministro de
Hacienda. El diseño de la financiación autonómica facilita que haya conflictos
de intereses, pero ahora se trata de dirimir cómo se utilizan los recursos que la
Generalitat recibe del estado.
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| Cristóbal Montoro |
Hay personas menesterosas cuyos
recursos son insuficientes para atender las necesidades básicas y precisan que
alguien aporte lo que les falta. Las hay que ajustan sus gastos a los recursos
que disponen, salvaguardando en primer lugar las necesidades básicas y reclamando,
si es preciso, los recursos que le corresponderían en justicia. Por último, las
hay manirrotas que utilizan los recursos que disponen anteponiendo otros dispendios
a la atención de las necesidades básicas y se quejan constantemente de estar maltratadas.
Lo mismo puede aplicarse a las administraciones y otros colectivos.
Al distribuir sus recursos la
Generalitat hace patente su orden de prioridades. La queja de los proveedores farmacéuticos
y de servicios sanitarios y sociosanitarios por los impagos acumulados constata
que estos colectivos no se encuentran entre los que ocupan un lugar preferente
entre los acreedores de la administración autonómica.
Quizá estos retrasos estén favorecidos
por una estrategia del govern, consciente
de que la ciudadanía es muy sensible a la actividad de los sectores afectados,
encaminada a dirigir el malestar de la población hacia el gobierno central,
atribuyéndole la responsabilidad de la situación. Una actitud que, de confirmarse,
rozaría la mezquindad, porque no se ha de jugar con la salud de los ciudadanos.
Soy de los que piensan que
el mejor aval de un proyecto político es que vaya acompañado de una buena
gestión. Pretender sostenerlo amparándose exclusivamente en la confrontación dialéctica
y el rasgado de vestiduras tiene la expectativa de quedarse en agua de borrajas.


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