El
calificativo “social”
Hay
palabras mágicas que absorben un significado que las hace incontestables para
el que las pronuncia. A compañeros de trabajo los destituyeron de su cargo
argumentando que su “perfil” no era el adecuado para esa función, aunque en
muchos casos la decisión no era cuestión aptitud sino de arbitrariedad.
En
el ámbito político varios vocablos actúan con ese efecto: progresista,
reaccionario, fascista, franquista... Últimamente está en boga “social”, que
concentra todas las bondades emanadas del poder político. Oímos hablar de
políticas sociales, derechos sociales, rescate social... y parece que, tras de
sí, aparezca un panorama idílico y benefactor, sin atender a la interpretación
que le da quien lo menciona. Porque así como en el entorno político se puede
considerar social la redistribución de la riqueza y la solidaridad, también
pueden serlo la expropiación, la nacionalización, la monopolización, la
expoliación, la conculcación de derechos...; aunque dichas acciones provoquen
división, estigmatización o conduzcan a “pan para hoy y hambre para mañana.”
Puede
haber algo todavía más perverso: que en la sociedad cunda la percepción,
alentada por el poder político, que sólo lo que emana de él es propiamente
social; dejando entrever que las iniciativas que surgen de los ciudadanos, individualmente
o asociados, sólo persiguen un interés lucrativo o, peor aún, actuar como
contrapoder.
Hay
canciones cuyo sonido nos resulta atractivo, tarareamos su música y no
prestamos atención a la letra, sobre todo si no dominamos el idioma en que se
expresan. Conociéndola nuestra percepción sería diferente, mejor o peor.
El
discurso político suele servirse de eslóganes, gestos, latiguillos, titulares,
mantras... Se consideran herramientas más eficaces que el contenido de las
propuestas, pero convendría a los ciudadanos no dejarse arrastrar por señuelos
y ser capaces de desentrañar en cómo se van a concretar estos mensajes antes de
emitir juicio o tomar decisiones.
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada