dissabte, 23 de gener del 2016

Prudencia para gobernar (y 5)

“¿Otra ayuda todavía? La previsión… todos tenemos que tratar de descubrir desde lejos los resultados de nuestras acciones y calcular anticipadamente los esfuerzos y los gastos que serán necesarios para llevar a cabo determinada iniciativa… Puede suceder, sin embargo, que, a pesar de todas las precauciones tomadas, el asunto vaya mal. El hombre público se prepara también para esta eventualidad con medidas adecuadas.”

“Un último consejo. No te desanimes demasiado. «Hace años que sudo y trabajo por el Ayuntamiento. Me he metido hasta el cuello, he dejado de lado incluso intereses y familia, acortando mi vida con preocupaciones graves y continuas. Y ¿qué pasa? Me hacen el vacío, me ponen la zancadilla, me atacan y despedazan. ¡Que lo hagan ellos si tanto saben: yo me retiro y se acabó! » La tentación es fuerte, pero no siempre es prudente ceder. Es verdad que es necesario dejar paso a los relevos, pero también es cierto que el bien público exige a veces que quien ha comenzado aguante hasta el final, que quien tiene cualidades y experiencia permanezca en su puesto. Si es un deber prestar atención a las críticas justas (¡nadie es infalible!), hay que recordar también que ni siquiera Cristo pudo contentar a todos. Cuando se trabaja para el público, es preciso no soñar con demasiados reconocimientos y aplausos, sino prepararse para la indiferencia y las críticas de los mismos ciudadanos, que tienen una psicología realmente curiosa.”

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