dimarts, 19 de gener del 2016

Prudencia para gobernar (1)

Consejos intemporales

El patriarca de Venecia Albino Luciani, que en 1978 se convirtió en el papa Juan Pablo I, colaboró mensualmente durante unos años con la revista El Mensajero de San Antonio, publicación oficial del santuario de Padua, con un artículo en forma de carta dirigida a un ilustre personaje. Estos escritos se recogieron posteriormente en el libro Ilustrísimos señores (Illustrissimi)*. Son unos textos didácticos con una exposición amena, sugerente e ilustrativa.

Una de las cartas la dirige a San Bernardo, abad de Claraval, monje cisterciense que en su época, nació el año 1090 y murió en 1153, tuvo gran influencia en el ámbito eclesiástico y político. El escrito versa sobre la virtud de la prudencia, especialmente importante para aquellos que han de ejercer la tarea de gobierno.

En estos momentos de incertidumbre sobre el próximo gobierno de España, me ha parecido oportuno reproducir algunos fragmentos de este documento que pueden ayudar a valorar una virtud que suele ser incomprendida. ¡En cuántas ocasiones se puede llegar a confundir con indecisión o pusilanimidad! La exposición se desarrollará en cinco entradas.

El formato que utiliza para la carta referida es un intercambio epistolar entre el autor y el santo. En los párrafos iniciales se refiere un hecho ocurrido durante el proceso de elección de un papa:

“Fue en un cónclave. Los cardenales andaban dudosos entre tres candidatos que se significaban uno por la santidad, otro por su elevada cultura y el tercero por el sentido práctico.

A la indecisión puso fin un cardenal citando precisamente tu carta. «Es inútil titubear más -dijo-; nuestro caso está ya considerado en la carta 24 del Doctor Melifluo.* Basta aplicarla y todo saldrá a las mil maravillas. ¿Que el primer candidato es santo? Pues bien, oret pro nobis, que diga algún padrenuestro por nosotros, pobres pecadores. ¿Es docto el segundo? Nos alegramos mucho, doceat nos, que escriba cualquier libro de erudición. ¿Es prudente el tercero? Iste regat nos, que éste nos gobierne y sea designado papa».”

El patriarca de Venecia le pide al santo que le envíe una carta llena de buenos consejos que le ayuden en su tarea de gobierno episcopal y éste responde:

“Acepto, y comienzo por invertir mi propia afirmación.  «Si eres prudente, gobierna», escribí entonces. «Si gobiernas, sé prudente», escribo ahora. Es decir: ten muy metido en la cabeza algunos principios básicos y trata de adaptarlos a las circunstancias de la vida.

¿Qué principios? Mencionaré alguno de ellos. Un éxito aparente, aunque clamoroso, es en realidad un fracaso si se ha conseguido pisoteando la verdad, la justicia y la caridad. El que está por encima, está al servicio de quien está por debajo: tanto valen los señores como los súbditos.”

*Albino Luciani: Ilustrísimos señores (Ilustrissimi) ‘1976’ – Biblioteca de Autores Cristianos ‘1978’ – Si gobiernas sé prudente (a San Bernardo, abad de Claraval) Páginas 37 a 50
La revista El Mensajero de San Antonio, publicación oficial del santuario de Padua
**A san Bernardo de Claraval lo llamaban Doctor Melifluo.
Melifluo: Dulce, suave, delicado y tierno en el trato o en la manera de hablar. (definición de la RAE)

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