“Me parece justo
que la prudencia sea dinámica, es decir, que mueva a la acción. Sin embargo,
hay que distinguir tres momentos: la deliberación, la decisión y la ejecución.
Deliberar quiere
decir buscar medios que conduzcan al fin; se hace a base de reflexión, de consultas,
de un examen detenido…
Decidir quiere decir:
después de examinar los distintos medios posibles, quedarse con uno: «Elijo
éste; es el más adecuado o el único posible». No es prudencia el eterno
vacilar, que todo lo deja en suspenso y sume al alma en la incertidumbre;
tampoco es prudente esperar, para decidir, la presencia de condiciones ideales…
La ejecución es
el más importante de los tres momentos; la prudencia se asocia aquí a la
fortaleza para hacer frente al desaliento ante las dificultades o los
impedimentos. Es el momento en que uno se revela jefe y guía. A este momento
aludía Filipo de Macedonia cuando afirmaba: «Es preferible un ejército de
tímidos ciervos conducidos por un león, que un ejército de feroces leones
conducidos por un ciervo».
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| Filipo de Macedonia |
Como monje que
soy, me urge destacar que la prudencia es, ante todo, una virtud; por lo tanto,
sirve únicamente a causas nobles y adopta tan sólo medios lícitos.”
“El astuto habla
y sus palabras no son vehículo, sino velo del pensamiento, haciendo que parezca
verdadero lo falso y falso lo verdadero. A veces obtiene resultados. Por lo
general, sin embargo, la cosa no dura mucho.”
“El sagaz no se deja deslumbrar por las apariencias ni por las adulaciones: adivina el temperamento y las ambiciones de la gente por la expresión de la cara, por los gestos; le impulsan a intervenir en seguida, pero él sabe que no ha llegado el momento; le dicen que lo mejor es esperar, y él, con un sexto sentido, olfatea que, por el contrario, es necesario actuar inmediatamente, y los hechos vienen a darle más tarde la razón.
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