dijous, 21 de gener del 2016

Prudencia para gobernar (3)

“Me parece justo que la prudencia sea dinámica, es decir, que mueva a la acción. Sin embargo, hay que distinguir tres momentos: la deliberación, la decisión y la ejecución.

Deliberar quiere decir buscar medios que conduzcan al fin; se hace a base de reflexión, de consultas, de un examen detenido…

Decidir quiere decir: después de examinar los distintos medios posibles, quedarse con uno: «Elijo éste; es el más adecuado o el único posible». No es prudencia el eterno vacilar, que todo lo deja en suspenso y sume al alma en la incertidumbre; tampoco es prudente esperar, para decidir, la presencia de condiciones ideales…

La ejecución es el más importante de los tres momentos; la prudencia se asocia aquí a la fortaleza para hacer frente al desaliento ante las dificultades o los impedimentos. Es el momento en que uno se revela jefe y guía. A este momento aludía Filipo de Macedonia cuando afirmaba: «Es preferible un ejército de tímidos ciervos conducidos por un león, que un ejército de feroces leones conducidos por un ciervo».
Filipo de Macedonia

Como monje que soy, me urge destacar que la prudencia es, ante todo, una virtud; por lo tanto, sirve únicamente a causas nobles y adopta tan sólo medios lícitos.”

“El astuto habla y sus palabras no son vehículo, sino velo del pensamiento, haciendo que parezca verdadero lo falso y falso lo verdadero. A veces obtiene resultados. Por lo general, sin embargo, la cosa no dura mucho.”

“El sagaz no se deja deslumbrar por las apariencias ni por las adulaciones: adivina el temperamento y las ambiciones de la gente por la expresión de la cara, por los gestos; le impulsan a intervenir en seguida, pero él sabe que no ha llegado el momento; le dicen que lo mejor es esperar, y él, con un sexto sentido, olfatea que, por el contrario, es necesario actuar inmediatamente, y los hechos vienen a darle más tarde la razón.


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