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| Bernardo de Claraval |
“Los grandes
principios tienen que aplicarse a la vida de los hombres, y los hombres son
como las hojas de un árbol: todas semejantes, pero ninguna completamente igual
a otra. Se nos presentan como diferentes unos de otros, en cultura,
temperamento, procedencia, circunstancias y estado de ánimo.
Ojo, pues, a las
circunstancias, a los estados de ánimo: si cambian, cambia también tú, no los
principios, sino la aplicación de los principios a la realidad del momento.”
“Sin embargo, no
llamo prudencia a la excesiva desenvoltura en el cambiar. La verdadera táctica
de una justa dosificación y adaptación no es el oportunismo, la adulación, el
volver la espalda a quien llega a su ocaso, el jugar a la esgrima con la propia
alma y con los principios. Cae el ministro, cae el alcalde -cuántas veces
sucede a nuestro alrededor-, e inmediatamente se produce el vacío. ¡Y cuántas
veces cambia la gente de chaqueta!”
“Tampoco es prudencia
la actitud de quien se obstina en no darse cuenta de la realidad evidente, y
cae en la rigidez excesiva, en el integrismo, haciéndose más papista que el
papa.
Sucede realmente.
Hay quienes habiéndose aferrado a una idea, la entierran y siguen custodiándola
y defendiéndola durante toda la vida, sin volver a repensarla, sin molestarse
en comprobar qué le ha sucedido después de tantas lluvias, vientos y
tempestades de acontecimientos y cambios.
Corren el riesgo
de no ser prudentes los que se andan por las nubes y, ahítos de ciencia
puramente libresca, no saben separarse ni un momento de lo escrito, siempre
cortando pelos en el aire, metidos en interminables y sutiles análisis, siempre
dispuestos a analizar, a sutilizar, buscándole siempre cinco pies al gato.”
“Tratad de saber y al mismo tiempo de comprender. Como decía antes: poseer los principios y aplicarlos a la realidad. ¡He ahí el fundamento de la prudencia!”
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