Otro medio es el
método, que nos hace poner el fin antes que los medios, coordinar los medios
entre sí y dar a cada uno la importancia que merece.
Las normas que el
método sugiere… helas aquí:
1) Al deliberar
ten en cuenta únicamente los hechos comprobados. Digo hechos, y no opiniones ni
habladurías; digo comprobados, y no meramente ciertos, porque, si soy un
administrador público, no basta que existan pruebas válidas para mí; se
necesitan pruebas válidas para todos, que mañana puedan mostrarse y se
mantengan a prueba de bomba…
2) Ten presente
un epifonema* muy usado de nuestros medievales: ¡Distingue frequenter!
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| Luís XIV de Francia, el Rey Sol |
En la corte del Rey Sol, una dama era capaz
de saludar con una sola reverencia a sus buenas diez personas; la reverencia era
única, pero la mirada enviaba fulgores distintos y múltiples para dar a cada
uno -fuese duque, conde o marqués- lo que él esperaba.
Distinguiendo se dice:
este asunto es muy importante, le daré precedencia absoluta; este otro es menos
importante, le doy un puesto secundario. ¡Las famosas «opciones prioritarias»!
3) Puede servirte
también el divide et impera de los
romanos. Aquí, sin embargo, se trata de dividir las acciones en diversos
momentos y no a las personas entre sí. ¿El motivo? No puede hacerse bien más de
una cosa al mismo tiempo.
El divide, por lo
tanto, debe aplicarse también al trabajo; dividir, distribuyendo las tareas
entre los distintos colaboradores. Pero luego, ¡servirse de estos
colaboradores!
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